martes, 9 de junio de 2015

TONALIDAD DE FRAGMENTOS: SER LA PROPIA OBRA

La pregunta llamea en la luz.
Ser moldea la conciencia sabia, de sensibilidad divertida, que acompaña y ennoblece el carácter.
Obrar como personas interesantes y completas ¿es mucho?
Debiera ser una destreza muy sencilla. No lo es tanto.
Por no se sabe –o quizá sí- qué fuerzas telúricas nos exigen ser felices. Y el resultado se complica, es provisional y no se alcanza.
¿Se necesitan fórmulas mágicas?

El universo debiera ser un viaje interesante, largo y placentero. La existencia es una obra sensible, mejorable; un quehacer sin fin del que se puede y se debe disfrutar.

El temor al fracaso paraliza o es un estimulante fragmento, idéntico e inmediato. ¿Renunciar a la  responsabilidad y sólo vivir en la diversión de hacerlo? Es la pregunta, es la misma pregunta que hacemos cada vez más en silencio. Los humanos somos individuos complejos, aun aislados en la fragmentación.

 Transforma el dolor, como si de una obra de arte se tratara sin convertirla en un drama, y supera la tendencia y presión de ser tan felices como ¿quién?



FRAGMENTOS de pasión para seguir deseando.



Cimentas el espacio
durante el día
y lo deshaces cada noche.
Alargada, tiendes la mano,
en ofrenda a la Luna.
Si el mundo se quiebra
duele el ánimo en el embate.
Tu cosmos no se fragmenta.
Di lo que quieres.

No te alejes,
mantén cercana la distancia
en el aroma de la mañana.
No es cronómetro,
contradicción contemporánea,
sino brújula.

Alguien al otro lado
llora de desaliento.
Abandona.
También escuchas un sollozo
de fecunda fortaleza.
Y sigue alguien adelante.
La libertad no es una mueca.
Si sabes quién llora
tu obra de arte
empieza a ser respuesta.

Es llave inaugural
un contorno de libro
que pregunta por la mirada.
La nueva obra es más luminosa.

Brota la música,
arte como vida,
partitura que escribe
la palabra.
Llega, cautiva y cuenta.

Escucha y despierta,
cree en la lucidez
tu única apuesta.
De ti el silencio
dirige el impulso
en tu boceto liberado.
Tu trabajo
es ópera esencial
y teatro inseparable,
que conforma el lienzo
de tu retrato.

===oo0oo===
Junio 2015

domingo, 7 de junio de 2015

Habitan en cada persona los sueños; la realidad es el ordinario territorio.

 A veces, la realidad tal como es no resulta interesante. Entonces, decir algo que vaya más allá del sueño, en donde se haga posible la fantasía, es laborioso. Sólo se puede dormir si se elaboran las propias historias, imaginadas en secuencias y diálogos.

Las fantasías de alcanzar paraísos perdidos, sentirse como los héroes que se enfrentaban a peligros inimaginables, catástrofes naturales incluidas e historias de amor y guerra en algún continente lejano.

Algo así como el sueño de volar. Una pasión: volar, elevarse desde el suelo con el propio esfuerzo. Es el poder de los sueños: frente a las dificultades, lo que se quiere, se alcanza.

En el único diálogo que se entiende: el de los afectos.



Accede la luz de este día
a través de los cristales.
Llegan inaugurales trozos
aviso y presencia, verano.
Serenamente limpio
el fulgor claro
regresa a los ojos,
descubre cómo olvidar
los nombres aprendidos
en el tejido
de alfombras de matorral.
Las escasas certezas
duelen en el fuego
de las llamas del río
que deshace y arrastra
la memoria en su fatiga.
El mundo es fragmentario
y el gozo, limitado.


miércoles, 3 de junio de 2015

EN EL SENDERO: TAPAS EN UN TRAYECTO HISTÓRICO


 De viandas (tapas), de nombres de ciudad y viaje a la historia.

El experimentado saber popular señala que las fiestas y acontecimientos en los que no se come ni bebe están destinados a desaparecer. Es obvio.

 Por intuirlo con fuerza, a la vez que por saber que esto mueve economía, se ha extendido lo de acudir a bares y restaurantes, de “ruta de tapas”, es ya práctica extendida en la geografía extensa.



Podría nombrar muchos lugares donde se oferta, –sería un total exceso; o lo que es peor: parecería que estoy en ello y hago publicidad gratuita e interesada-.

 Porque se ha puesto tan de moda que no sólo los ayuntamientos sino otras instituciones ofrecen “rutas de tapas”, ¡hasta en barco! con paradas en bares a pie de agua litoral de Murcia.

  Aunque los precios (2,5€, tapa y bebida) sean inferiores a lo que es la regularidad cotidiana, no todos pueden hacer el camino: es el lado sombrío de la realidad.

Señalaré un ejemplo extrapolable.


He elegido a Orihuela.

Me he acercado en tren, desde Murcia. Un breve viaje, para optar a restaurantes y bares en un entorno de calles monumentales. Caminar por la historia  mientras se va de un sitio para otro.

Oriola, momento de impulso y sosiego.

 

El orden para componer las piezas es complejo.


La ciudad se ofrece –como tantas otras ciudades y pueblos- en un periplo por el territorio de las tapas, que alterna con los vestigios y memoria de la historia.


Prefiero que esta ciudad se llame Oriola, tanto en valenciano como en castellano. La denominación “Orihuela” tiene una inclinación sonora resignada a lo fácil, y convertirse en “origüela”.

De los romanos tomó el nombre de Orcelis, a los habitantes se les llama orcelitanos. Literariamente, Orihuela es Oleza; (del escritor Gabriel Miró).
En el castellano seseante de la Vega Baja, la histórica sería “Orselis” y la literaria “Olesa”.
Oriola, sin problemas.

   Divagaciones de quienes poco bebemos, -me hace efecto enseguida, lo aseguro-, por lo que disfruto, una vez más, del entorno de calles oriolanas, con la coartada del llamativo festín alimentario. Que lo es.

Degustando cerveza, vino y bocado, cada quien compone su propio puzzle, el visitante no puede sustraerse a la explosión arquitectónica de imponentes torres y fachadas, que se anotan en centenas de años. Oriola ofrece al visitante una ruta insospechada que vive en los sentidos.


Los caminantes van configurando el acontecimiento de la tapa. Y sin necesidad de ser conscientes de ello, se reconoce en una recuperación de la memoria frente al olvido. Es otro camino, lleno de impresiones: fusión de monumentalidad ambiental y bocado sabroso, entre vestigios que son reclamo turístico recomendable, conviven cultura y economía local. El viento histórico debe ser enlazado con el progreso tecnológico, sin melancolía ni desorientación.


Oriola abre su despensa en el casco histórico, a una mirada de la catedral, poblada de aromas, colores y texturas recién hechas, lugar de tapas de aplauso. En el recorrido por el territorio oriolano terrazas de bares y restaurantes salen al encuentro del caminante en una placentera alternativa de salón comedor a la tradicional ruta de la monumentalidad de la piedra (iglesias, conventos, signos templarios, fuentes y caminos tradicionales).

La incidencia del pasado.

 El recorrido que tutela el cauce casi seco del río Segura, permite visitar lugares como el Casino o el hotel-palacio de Tudemir, o el entorno del poeta Miguel Hernández, poemas en la tarde, huellas en la historia que, desde luego, impactan al visitante.

Las empedradas calles adyacentes, en restaurantes, bares y tascas son una exposición inacabable de tapas de buena gastronomía. Se puede rehacer la historia. Los lugares y sus adoquines  nos recuerdan lo que fue. Los relatos ante los espacios históricos aparecen como posibilidad de reconocimiento, como una narración que sólo una vez pronunciada adquiere todo su significado en el paso de lo individual la historia.

 Nos damos cuenta de lo que sucede. Y si queremos verlo realmente, en clave de presente. Reunir los fragmentos de historia dispersos es la dificultad e importancia de lo callado, que nos habla. La incidencia del pasado en la construcción necesaria del presente nos reúne alrededor de la comida lúdica. (No hablemos de ‘razón’, tampoco de sinsentido o frivolidad en lo de las ‘Rutas de la Tapa’). Recovecos profundos de la existencia humana.

Una visita que duró menos de tres horas, y que apresó el momento del calor inaugural y continuado. Todo para una lectura distinta de la ciudad de Oriola, en un compatible y triple despliegue: personas en leal confianza, compartiendo tiempo y apetitosas delicias; tomar vinos con amigos en la compañía de las piedras históricas.

Una órbita en la que se evita la agitación, sobre todo cuando a la fatiga se le añade la saciedad. La cultura también habita las calles, con las tapas, con la memoria y la música de la amistad.

Pero, ¿por qué la memoria? El acontecimiento no es lo que ocurre; es una búsqueda de comunicar el pasado con lo de hoy, y vital para el futuro: las calles y el poeta oriolano aseguran la tradición en la continuidad y se abren perspectivas.

Regreso en el tren de las cuatro.

Una intensa experiencia breve y agradable.

lunes, 1 de junio de 2015

TRAYECTO EN SUEÑO Y UN CÍRCULO AL DESPERTAR.


Caminas entre el paisaje y los momentáneos paseantes que lo habitan. Te detienes un instante, “¡Qué árbol…!” ante un delicado roble joven, abrazado por el suelo húmedo. La bruma de la mañana empaña el paisaje. Los senderos están desiertos. La luz amarillenta da un cierto aire histórico: hay restos de árboles talados y los troncos exhalan cierta fragancia a campo. Es una impresión de vivir en una fotografía, al lado del gris en forma de árbol y de piedra en legendaria decadencia.

Es otra vivencia en la que observo el mismo lugar, tantas veces frecuentado. Las casas, algunas pequeñas, desde las que, al pasar, se respira la fragancia de macetas floridas, agrupadas en reducidos patios delanteros. 

Las palabras de todos los días no fluyen con facilidad, ocultas en un velo de sentimiento, cuando se quiere dialogar de lo cotidiano con ingenio y brevedad.

Miro a los caminantes en su prisa o en su parsimonia, a quienes se sientan al refugio de la sombra.

Aguardo para escuchar una conversación real. Acuden las vacilaciones y el temor de repetir lo que ya se sabe de otras ocasiones, se recuperan fragmentos de recuerdos. Una historia, un barrio o un paisaje pueden ser evocados. O uno para sí mismo es lo conocido, y su forma no puede cambiar el color de los ojos. Suena a comentario extraño. No digo nada. Las hojas se cimbrean con la brisa de una danza en remolino.


 La libertad brota siempre de la invención, en el equilibrio de lo desconocido, a la busca de espacios de soledad en los que olvidar escenarios vacíos.

Sueño mundo y tiempo
envueltos en voluntad apasionada.
Quiero, aceptado en tu escucha,
trasladarte a espacios
donde conversarte,
sin la estrechez de la infinitud.
Antes de que el universo oscurezca,
la música suene sin sombra
y abra lo nuevo, sin palabras,
cuando en caminos diversos
descubro tu mirada.
Enardecido y ebrio
en el placer de leer
tu cuerpo,
grandioso como un desierto,
las letras de tu libro.

Te espero.


 La lluvia inesperada arrecia y se me antoja áspera.
En una fugaz hebra están, sostenidas y blancas, cada palabra con extraordinaria pureza, como seda inexplorada.

-     ¿Viniste en busca de algo? ¿De qué realidad? ¿Te encontraste con la tristeza misma?

      -  No había nada que ver.

Parece un juego conmigo mismo.
Me iré enseguida.
Con un libro nuevo bajo el brazo.

-  ¿Estuviste en el oasis y no viste nada?

-               -  Nada,me avergoncé—. Sólo vi el árbol.