Gloria Fuertes, un encuentro,
memoria en su centenario
Lectura dramatizada, a través de un texto elaborado con
materiales de la poeta y con guion de las aportaciones desde la dirección del
acto. Dos sesiones, dos días de muestra en torno a la obra de Gloria Fuertes.
Emplear la convocatoria de Cultura-UMU para urdir una acción
escénica, pretendidamente distinta, con centelleos infantiles junto a momentos enfocados
a un público genérico: el centro es Gloria Fuertes, desgranada y compuesta
mediante diez musas y alegorías. Y con dos textos dramatizados por la
escritora para ser representados.
La apertura al camino escénico,en homenaje a Gloria Fuertes, resultado del trabajo de dieciséis
personas en escena, se ha producido con la
presencia, aliento y presentación del acto y del coloquio posterior por Silvia
Montesinos, el primer día, y el segundo, con Mariángeles Rodríguez, ambas profesoras,
responsables colaboradoras de la actividad y versadas en Teatro.
(Por motivos académicos justificados y viaje a Italia, no se
ha podido contar con la estimable presencia de la Coordinadora de Cultura, voluntad
y estímulo de Deletreartes, Diana de Paco).

Hay motivo para la lectura dramática. Y se ha sometido la claridad de las palabras a la escena.
El Teatro, en esta ocasión, ha ofrecido algunos de los textos que aprendía de memoria y ella misma recitaba ante un público entusiasta.
El Teatro, en esta ocasión, ha ofrecido algunos de los textos que aprendía de memoria y ella misma recitaba ante un público entusiasta.
Centenario de su nacimiento, mujer
moderna, atrevida, escritora de vivos versos no intelectuales. Hablar de Gloria
Fuertes, mujer, poeta y pobre no era fácil en el tiempo de la
posguerra.
Persona comprometida y personaje inasible, mujer peculiar, extravagante, libre. La libertad era la única etiqueta que aceptaba.
Fue mucho más que una poeta encasillada de ripios infantiles. (Lo de “poeta infantil” le causó mucho daño). Hay que remarcar la importancia de su obra infantil, ya que removió la literatura para niños en España y propició que se acercaran a la poesía.
Tan interesante como su fecundo oficio infantil, su obra para
mayores conviene recordarla. Combinación de humor, amor, dolor y una elemental
belleza que resulta efectiva. Tono coloquial, uso de la rima como ironía, puede
gustar más o menos, pero se la reconoce de inmediato.
Sus chalecos y múltiples corbatas
toman sentido toda vez que entramos en sus poemas, versos con colores de ironía
sobre sí misma, de simpatía por los débiles, los animales, los pobres…, su rebelión ante la autoridad.
Y con todas las características, en el momento de celebración, a través de la puerta abierta por la Institución Universitaria, ha entrado esta actividad, enmarcada en Deletreartes. Ya que es un cauce para las personas que imaginan posibilidades escénicas a través del texto, y que necesitan actuar en el Teatro, en un
intento de hacer cosas, arriesgar, innovar, equivocarse, producir algo
distinto...

Ocasión para hablar de Gloria Fuertes,
mujer y poeta, de familia humilde y republicana, a quien su madre castigaba si la sorprendía
leyendo o escribiendo, perdió a su hermano pequeño en un bombardeo, durante la
Guerra Incivil. El dolor vivió en su piel y ella, luminosa siempre, decidió
sonreírle a la vida.
Zarandeó asuntos como el hambre, la paz, el feminismo o el ecologismo. La Guerra Civil, la experiencia del horror marcó su vida y su obra, poesía del dolor, después, el amor. En tercer lugar, las injusticias.
Gloria Fuertes muestra el valor de lo
sencillo, (“no tenía más
que un traje, un cuaderno y mucho miedo a que se gastara el lápiz”, decía).
En un universo que sabe a Gloria, versos que hablan al oído. De actitud vitalista, cultivó su vida individual, para hacerla florecer con plenitud, sobre los límites de la pasión, en las voces del grupo teatral, que exhibe con alegría con tinte aún infantil, —hay nostalgia de infancia—, y la luz que, para todas las edades, se revela en lo simbólico.
Como la versión del cuento de Caperucita
Y que sean las tres Reinas Magas quienes hablen de paz.
La poeta que expresa la verdad dolorosa, cuando exclama Gloria:
“… Nunca pedí dinero,
comida, sangre o ropa.
Empecé a trabajar de niña.
(Yo misma fui mi propia muñeca)
Luego de mayor,
lo único que pedí prestado
fue amor;
lo devolví con creces…”
Un espectáculo lírico,
donde se ha intentado el trasvase de experiencias hasta, si fuera posible,
lograr belleza luminosa, aunque sea efímera.
Y la inclusión
de pasajes textuales, —de factura propia—, como es el caso de la
CARTA
ANÓNIMA DE UNA DESCONOCIDA
Querida Gloria: No me conoces. No es necesario. Nuestras miradas se cruzan en
un transparente vestido de fuego.
Todas las mujeres somos desiguales, singulares y tenemos mucho en común. Me
entenderás, te entiendo.
Digo que tus palabras, tus rimas alegres y tus versos humanos, son como agua
fresca en los ojos cerrados.
Como a ti te pasó, mi balanza de tristezas y de alegrías, continuamente se
descompensa.
El tiempo no se mide con reloj, sino con cada superación de los momentos
dolorosos. Tú y yo lo sabemos. Nacen tus poemas, surgen tus cuentos y tú, nos sonríes.
Una presencia invisible me acompaña, sin máscara. La verdad comienza,
diferente, cada nuevo día, con el dolor de la noche, mi cuerpo es oro dormido.
Río detenido, sin tregua, sin libertad en el movimiento.
Con la luz del día, desde mi frente, zarpa un barco de esperanza, un velero
femenino que arde en la noche, que espera borrar de mis hombros la marca del
dolor. Y que escriba un nuevo signo de amor.
Aunque me mueve la voluntad de decidir en mi movimiento,
aunque la expresión más íntima, la voz, se me rompe como papel de plata,
aunque la mirada deletrea y la escritura se empequeñece,
aunque las manos se descuelgan buscando espigas para el camino,
mi sueño insiste en un cielo de plumas blancas.
Tú y yo aprendimos rápido,
por la cuenta que nos trae. Nos diste el cuento bondadoso, con
voluntad y fantasía, y el teatro infantil.
Y, por un
instante, contigo, desde el salón de la casa, viajemos por el universo.
Gracias, Gloria.
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Labor cuidadosamente acabada. Y disfrutada.
Gracias a las quince actrices, más que aficionadas, abnegadas
en su dedicación escénica, y al actor que se unió al proyecto.
A ellos va
dedicado.
“Parpadeo en movimiento, lectura
que en su verdad diálogo enciende,
inunda de corpórea locura,
se ilumina de voces y estrellas.
La función comienza, sala oscura:
eres tú misma.
Y todos somos otros”.
(Juan Soriano)