En
los Molinos del Río, Museo Hidráulico, junto al Puente Viejo, se exponen
fotografías de Luis Argemí (1920-1994), quien retrató las personas, sus
situaciones en los espacios de la capital (Murcia), en momentos de penuria y de
clara diferenciación social.
Entre las novedades
culturales de este otoño se encuentra esta exposición. Con su inauguración, se
reactiva este espacio de al lado del río Segura, fotografías que miramos con
curiosidad y guiño sonriente.
En el acto inaugural de la exposición, que seguirá abierta
hasta el 31 de octubre, han intervenido el concejal de Cultura, el escritor
Santiago Delgado, el hijo y la nieta de Luis Argemí, el representante del
equipo que ha trabajado en la edición de esta colección fotográfica; y la
directora del espacio museístico.
Ver estas fotografías es entrar
en diálogo con nuestros antepasados, habitantes de la capital en aquel tiempo,
al que hay que acercarse sin perder ni confundir las circunstancias, y distinguir
las situaciones sociales: aunque sea minimizar, podemos decir aquello de que “siempre ha habido ricos y pobres”.
Las piezas muestran cómo era la vida en Murcia, en los espacios exteriores que le sirvieron de inspiración a Luis Argemí.
“Murcia en los años 40” es el título de la exposición de fotografías sugerentes que puede verse en este ámbito expositor. Los textos son del escritor Santiago Delgado, quien ha participado, implicada y activamente, en esta muestra.
“Murcia en los años 40” es el título de la exposición de fotografías sugerentes que puede verse en este ámbito expositor. Los textos son del escritor Santiago Delgado, quien ha participado, implicada y activamente, en esta muestra.
Las fotografías de Argemí son algo más que una serie de trabajos mezclados:
es una revisión, con mirada analítica, del momento
social y antropológico en la década de los cuarenta del siglo pasado.
Estas fotografías nos trasladan, con sus
instantáneas, a un momento histórico en el que la preocupación deja paso a la conformidad
en el tiempo de la posguerra.
Un riguroso trabajo de investigación y selección ha llevado
a configurar esta exposición que escribe a
través de imágenes, como gotas de agua, algunas de esas personas que nos
dejaron su testimonio aguardando un futuro mejor.
El catálogo de la exposición, delicadamente editado, recoge
las fotografías y los comentarios de Santiago Delgado en cada una de las imágenes.
Es un regalo para conservar y repasar, de
vez en cuando. Todo un acierto.
Todas las fotografías, en blanco y negro, expuestas
o no, son válidas, porque en ellas se hace
visible el proceso en el tiempo/espacio, la movilización y transformación de la
sociedad murciana. Una poliédrica exposición en la que se explora y se pregunta sobre el entendimiento
de lo que es la condición de documento fotográfico de estas imágenes.
Se trata de una "exposición de argumento",
centrada en la fotografía relacionada con la ciudad y sus habitantes. Que nos
conduce, cuando menos, a dos grandes preguntas:
1ª.- "¿Qué sentido tiene el documento fotográfico?"
y
2ª.- "¿Cuál es la relación con los lugares y con aquello que las imágenes
representan?"
Exposición trazada en un recorrido histórico y fotográfico, por espacios públicos y abiertos,
áreas urbanas que muestran la cultura del paisaje urbano y sus coterráneos.
El montaje se despliega en la planta baja del Museo Hidráulico,
espacio público, dinamizador de encuentros culturales y acercamiento a la
ciudadanía.
La fotografía no es taquígrafa, porque también explica la
condición documental, reverso objetivo de la memoria.
Los organizadores reconocen que se necesita más de una
visita para digerir todo lo expuesto, una narración histórica en la que se
aporta una mirada nueva a la ciudad del pasado.
Esta exposición refleja una visión fotográfica plural y heterogénea; interpela directamente a la ciudadanía sobre
la Murcia del pasado y su relación con el presente: un recorrido amplio por la
construcción fotográfica de la ciudad, tras la Guerra Incivil.
Por ejemplo, observar retratos, paisajes, como documentos históricos.
La exposición es una magnífica oportunidad para admirar, a
través de la luz, la historia murciana mediando el siglo XX. Momentos abiertos,
instantes concretos donde no sucede nada fuera de lo normal, aunque se genera
una atmósfera de intromisión por parte del espectador, la sensación de que algo
sucede establece un diálogo, fácil enlazarlo, entre la obra y el espectador, experimentando
en el acto de mirar. Son fotografías que parecen fotografías. El cierto aire de
reporterismo es interesante y divertido, cuando menos, incluso mueve el deseo de
conocer y honrar a las personas retratadas.
Resulta interesante la creación, la relación estrecha con
esas personas al otro lado de la cámara. En el retratado existe el deseo de una
experiencia fuera de lo común. Y en el espectador mueve el deseo de que
la persona dé todo, en esa cercanía en que confía y se muestra como
realmente es.
También adquiere una dimensión de ‘tema exótico’ por sus
encuadres poco espontáneos. Hay simpatía en las miradas y cordialidad en las
sonrisas.
Recorriendo la exposición, se puede
apreciar hasta qué punto estas fotos son una forma de
registrar el paso del tiempo. En las vidas de las personas,
en los ambientes, en la ciudad.
Es importante advertir que las fotos así
expuestas no implican entenderlas de forma aislada, sino siempre en relación
con una consideración social y estética más amplia y compleja. Momento
dinámico, mirada hacia los seres humanos. En las
imágenes de Argemí vemos a personas en acción, distinguimos posiciones,
movimientos y, sobre todo, interrelaciones. Significado de la vida a través de
la imagen, una concepción de la foto basada en la singularidad.
Al final, también se crea una panorámica de
fragmentos de anécdotas.
Cualquier lugar
inesperado que capte la atención del público nos deja ver la conducta humana en
aquello que les rodea: sus congéneres y amistades, en los espacios compartidos.
Quien quiera
acercarse a esta propuesta, admirará los diferentes recursos de la foto del
pasado, sobre la complejidad de las preocupaciones en el territorio ciudadano.
Hay que verlo.