CINCO DÍAS EN PARÍS. (CINQ JOURS Á PARÍS)
PARÍS
PARÍS ULTRAJADO
PARÍS ROTO
PARIS MARTIRIZADO PERO PARÍS LIBERADO.
PARÍS ULTRAJADO
PARÍS ROTO
PARIS MARTIRIZADO PERO PARÍS LIBERADO.
(Mireille
Mathieu – “Sous le ciel de Paris”, que puedes escuchar ‘pinchando’ en:
Referencia
a un período histórico, (el de la primera mitad del siglo XX, con las dos
guerras mundiales), recoge la apreciación de lo que los continuos rectores
sociopolíticos han pretendido que se entienda y viva como aliento de lucha por
ser, de la ciudad y sus moradores.
Pasear
por París,
reconocer las actitudes de identidad y hablar de la ciudad es el objetivo. Para
ello, hay que situar la mirada y la percepción de las diferentes atmósferas
parisinas en un doble plano:

2.- Hablar de un hecho, sea anecdótico o de
cierta importancia, que refleje una particular vivencia que se puede observar o
haber vivido y la advierte.
Los grandes bulevares
En 1670, Luis XIV de dice suprimir las fortificaciones
con el fin de desarrollar el nuevo curso de los Grandes Bulevares, plantadas
filas de árboles diversos y con una amplia nave central. Bajo Luis XIV, hoteles
y extravagancias se multiplican, con grandes jardines a lo largo de esta
arteria repleta de cafés de moda y Teatros.
En
la Restauración de la Monarquía sus dos polos son el bulevar de Gante (o de los
italianos), donde se reúne la juventud rica y elegante, los dandis de linaje, y
el bulevar du Temple, más popular, fue apodado bulevar del Crimen por los
melodramas sangrientos que se representaban en sus muchos Teatros. Después de
1900, el centro de lujo y del placer se desplazó a los Campos Elíseos.
“…La
Luna llena sobre PARÍS...”
Lobo hombre en París”: canta ‘La Unión’, puedes escucharla mientras lees; si ‘pinchas’ en: https://www.youtube.com/watch?v=cdjS7d6ZJpE).“
A
la llegada, está nublado. Se percibe un resplandor del momento álgido de la
Luna: no se la ve, pero está ahí.
Calor.
Un día por encima de 38ºC. Los parisinos llaman a esto “la
canícula”, (con acento en la última a),
fenómeno veraniego pasajero, ola de calor o así, extraordinaria y hasta
desquiciante.
París es una obra
profundamente urbana. Con sus ángulos, desconcierta y produce un fuerte
extrañamiento.
Los
franceses, concretamente en París, aplican esto de la exaltación nacional.
Hasta el punto de prefieren señalar que lo ignoran antes de decir algo que
pueda afectar negativamente a la consideración y grandeza de Francia.
“Hay un pacto
veinte veces secular
entre la Grandeur
de la France
y la libertad del mundo”.
¡Ah, la Grandeur!, que pensadores,
escritores y líderes inspirados han mantenido.
El
presidente De Gaulle (que puede ser considerado el último con carisma, o el primero
de la 5ª República) aprovechó la oportunidad de su popularidad tras la segunda
guerra y situó en alta expresión:
"La
France ne peut être la France sans la grandeur". (“Francia
no puede ser Francia sin la grandeza").
(Cuando
De Gaulle perdió el referéndum de 1969, se retiró a su pueblo. Le sustituyó G.
Pompidou. Un periódico publicó un chiste gráfico en el que, aparecía en
televisión el nuevo presidente, De Gaulle llamaba a su esposa para decirle:
-
“Ven
a ver al presidente de ma Republique”–mi República-).
Todos
sabemos de París,
hayamos estado o no, de sus símbolos y referencias. Esta ciudad es un cruce
constante de historia y leyendas grabadas en placas y monumentos, en puentes y
obeliscos, que conforman sus múltiples señas de identidad.
Los monumentos son realidades históricas constantes, llaman al visitante y no defraudan.
Los monumentos son realidades históricas constantes, llaman al visitante y no defraudan.
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Bulevares y Pasajes: identidad de París
Bulevar Haussman visto desde Galerías Lafayette
Se
produjo una importante y decisiva transformación de París: Les Halles (mercados
cubiertos) se convierten en centros comerciales, en el corazón de la capital,
pretendiendo solucionar los problemas de circulación y de higiene, (que no
acaban de remediar).
El barón de Haussman
recibió el encargo de Napoleón III de llevar a cabo un
programa de reformas en París. Su obra alteró gran parte de la ciudad medieval y
transformó más de la mitad de los edificios de París.
El
objetivo era urbanístico y comercial: dotar a París de grandes vías de
comunicación. Pero el fin más serio y oculto de esta transformación era
recuperar el control político de París, posibilitando que las fuerzas del orden
accedieran con facilidad a los barrios obreros, pues las estrechas calles los
hacían fortalezas y centro de rebeliones.
Se
desmantelaron áreas completas, que fueron reemplazadas por los bulevares.
La zona se convirtió en una
concentración de mansiones, comercios, teatros y cines

Para
el paseante, una de las zonas más bellas de París es la de Les Halles; en la
que hasta hace poco, la población se dedicaba al comercio. Hoy es una
miscelánea de gente de toda ocupación y nacionalidad.
Los
viejos mercados y cobertizos de origen medieval se transformaron en grandes
almacenes en la época moderna, y acabaron siendo desplazados fuera de París en
el siglo XX, cuando surgieron los nuevos sistemas de comercio.
Las
perspectivas abiertas a través de largas calles rectas se corresponde con la
tendencia en el siglo XIX, de ennoblecer las necesidades técnicas mediante una
planificación artística.
También
la lucha de barricadas, los ferrocarriles, la camaradería, el movimiento
social, la Bolsa, la Comuna…
Esto
es lo que el viajero quería ver.
Y los PASAJES, que se verán a continuación...
-
Abuelo, no lo comprendo.
Y veo que escribes ‘barón’ con ‘b’.
-
Anaïs, estamos hablando
de un cambio muy importante en una ciudad grande. Lo de ‘barón’ es un título de noble, como lo de marqués o
duque…
-
Tampoco sé eso. Puede
ser verdad lo que dices, pero no entiendo cómo hacer calles largas, anchas y rectas sea una excusa para controlar
a los obreros y a los pobres.
-
Siento que lo entiendas
así. Es un cambio profundo en una ciudad que se había quedado atrasada. Se pasó
de calles pequeñas, en círculo alrededor del centro de la historia de París, a
calles rectas, amplias, enlazadas unas con otras, haciendo más grande París.
-
Y eso ¿qué tiene que
ver, Antonio, con todo esto, si dices que se convirtió en una ciudad bella? –entra en la conversación
Paula, la amiga de Anaïs.
-
Pues que si se cambia
una pieza en el juego, cambia todo el juego. Y aquí se cambió mucho.
-
Sigo sin entenderlo,
abuelo, -se
impacienta Anaïs.
-
A ver,… puede resultar
un poco enrevesado para vosotras, pero tengo que decirlo. Ya lo comprobaréis
cuando, de mayores, vayáis a París y paseéis por sus calles.
-
Yo lo que quiero es ir a
Disney World, abuelo.
-
Y yo también, Antonio, -manifiesta Paula.
-
Pues decidlo en casa, a
ver si vuestras familias se animan.
-
Te hemos cortado el
rollo…, -dice
Paula.
-
Sé que decir esto y que
se entienda, es difícil. Pero tenía que comentarlo.
-
Pero es que hablas para personas que ya han
estudiado más que nosotras, -indica Anaïs-.
¡Dices unas palabras!
-
Las ideas se hacen con
palabras, queridas niñas.
-
¿Hacer cosas con
palabras…? –se
extraña Paula.
-
Y ahora, abuelo, te toca decir que ya lo
entenderemos.
-
Sí, lo entenderéis. Yo lo digo ahora, que
puedo.
-
Pero si pudiera ser en
forma de cuento o algo así… -sugiere Paula- que fuera más entretenido.
-
Sí, Paula; podía haberlo
contado como: “Érase
una ciudad que estaba sucia y anticuada. Sus habitantes estaban de malhumor y
se peleaban unos contra otros, pues muchos eran pobres, otros trabajadores y no
ganaban el suficiente dinero”. Sigue tú,
Paula.
-
“…Un día el emperador
llamó a su arquitecto y le dijo: “¡Quiero una ciudad limpia y nueva, donde no haya
oscuridad en las calles, y en la que el alcantarillado vaya por debajo de
tierra y, así, no haya malos olores ni ratas, ni enfermedades!” Y el arquitecto llamó a los obreros y
empezaron a trabajar.
-
Y construyeron edificios
nuevos y grandes, -continúa
Anaïs-, con tiendas bonitas con muchas
cosas: ropa de moda, y las viviendas encima de las tiendas, que las habitaron los comerciantes y la gente de
negocios, también algunos artistas.
-
…Y la gente salía a las
calles para encontrar amigos, los niños a jugar entre los árboles, los novios,
para hablar de amor,… - prosigue Paula.
-
Muy bien, chicas. Pero
no todo fue tan feliz. Aunque el resultado es París.
- Y aparecieron los hoteles,
teatros y sitios de espectáculos. Todo el mundo habla de lo bonito que es París,
-dice
Anaïs.
-
Pues si lo que os cuento
lo veis duro de entender, no sé si hablaros de lo siguiente, de los Pasajes.
-
Tú, dilo, Antonio. Pero hazlo
fácil.
-
Ahora leeréis lo de los Pasajes; que además de
la novedad, es algo digamos… intelectual, erudito.
-
¿”Eru”... qué? Luego, abuelo, te quejas de los
sabihondos. Anda que la palabra…
- Cuando vayamos a Disney-París lo mismo sabemos
algo más, -intenta
conformarse Paula.
-
París bien vale el
esfuerzo, niñas.
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Y los PASAJES, que se verán a continuación...
Interesante historia la que cuentas de París. Ojalá muchas ciudades hubieran acertado como los parisinos a pesar de haber tenido que destruir la ciudad antigua.
ResponderEliminarYo, la verdad, disiento un poco. Me parece que París perdió encanto, tiene grandes cosas pero es toda muy igual, todos los edificios del mismo color y estructura, todos los techos iguales con sus chimeneas... Todo gris o beige, sólo rompen la monotonía las modernas moles de cristal o lo poco que queda pre-Haussmann. Bueno y casi me volví loca porque vi un edificio ¡rosa!, ¡uno, algo es algo!. Todo lo que se perdió del París medieval es incalculable. Quizá también me molesta el agravio comparativo, cuando digo que aquí en Murcia destruyeron los baños árabes para hacer la Gran Vía, o sea lo mismo que se hizo en París pero a menor escala, y se hizo una calle ancha, saludable, que facilita la comunicación, con edificios interesantes (pero que no conocemos porque son "de aquí") y que queda espléndida como escenario de los grandes desfiles de nuestra ciudad, la gente se pone a maldecir a aquel infausto alcalde, a la vez que alaba el destrozo de París... pues no lo entiendo.
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