Se ha abierto y ocupado el “RINCÓN LITERARIO”.
Ha sido en el espacio que “El Corte Inglés” ha acreditado para
actos culturales. Sala que, afortunadamente, se queda pequeña (hoy ha habido
lleno completo, ni una silla vacía) donde diferentes energías demostrativas de
la actividad en Murcia tienen punto de concurrencia y atraen a diferentes presencias
de público.
MURCIA vive en ebullición cultural. No hay día en el que,
como mínimo, doce actividades sean ofertadas a diferentes públicos, inquietudes
y sensibilidades.
Cada año afloran, en la vida cultural de Murcia, grupos de
artistas, fotógrafos, poetas, escritores, editoriales que apuestan por los
emergentes, cantautores, creativos del diseño y moda, galerías de arte, espacios
y lugares que acogen programación de actos culturales… donde hay una gran
protagonismo importante y serio, individual y colectivo, de mujeres.
Es un fenómeno evolutivo y provechoso, indudablemente. Desde
la base categórica de que no son manifestaciones homogéneas, y que buscan su ámbito
y su público, esta vorágine cultural merece ser estudiada, analizada, pretendiendo
determinar a qué vectores responde y a dónde apuntan sus objetivos
socioculturales.
(En la audacia desde qué premisas hacer el estudio, apuntar propósitos
y tesis me hallo).
Hemos venido a hablar de la botadura de un barco importante
que patronea
Guillermina
S. Oró, “Rincón Literario”. Que hoy ha navegado por el mar de la
Poesía.

En esta sesión inicial se ha hecho una concesión al siglo XX
que no cesa, con la fórmula tradicional por la que cada protagonista expone su alocución,
abriéndose a la opinión de los contertulios y público.
(Esto dota de cierta
inhibición al diálogo, tanto porque son diversos e importantes los
participantes en la mesa, y que nadie va a manifestar serias disensiones con la
poesía —o temas y forma de escribir— de los exponentes invitados. En la “fórmula expositiva
y yuxtapuesta en un evento cultural” debe de introducirse
modificaciones que le doten de agilidad comunicativa sin perder la esencia del
mensaje que se pretende. Por eso, los creativos habrán de pensar y proponer innovaciones
y reformas de vitalidad. Aunque esto funciona, hay momentos en que se dispersa
la atención).
Guillermina S. Oró
ha contado y coordinado la presencia activa de un cartel de lujo: el
pintor José
Mª Falgas, los poetas José Ángel Castillo, Lucía
Abadía y SØren Peñalver, el actor y rapsoda Antonio de
Béjar, y el músico José Antº Flores Yepes.
Lo que supone un duelo de titanes culturales que ha hecho
las delicias cómplices y el privilegio del público presente.
Se ha comenzado la primera ronda con la intervención del
poeta José Ángel
Castillo que
ha centrado su breve y densa intervención en el amor en la poesía y la búsqueda
de que ésta sea música, así como el sufrimiento de los padres por los hijos,
del que avisa en su poemario “Abuelos y nietos”. Ha leído su poema “Apocalipsis”,
en el que manifiesta que la música es algo más que ruido no exento de ritmo.
Con una alusión al poeta peruano Eduardo Chirinos, (“¿qué es
el poema sino el retorno de un dolor?”), José Ángel Castillo ha leído un poema propio, “El
vikingo gris”, de su ‘Caleidoscopio en gama de grises’: hoy el poeta se movía
en el gris.
Guillermina S. Oró ha dado paso a la
intervención del actor Antonio de Béjar, quien ha declamado rimas de G. A.
Bécquer:
“Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma
una aurora…”,
(y)
“Su mano entre mis manos,
sus ojos en mis ojos,
la amorosa cabeza
apoyada en mi hombro…”
A continuación el turno del pintor José Mª Falgas, quien manifiesta
su vivencia y sentido de ser pintor, en la estima de que el Arte camina hacia
la Poesía.
Ha hablado de su rincón habitado en la sierra de Guadarrama,
casa con misterio, lugar donde hay paisajes, objetos y cosas que nos hablan de
nuestra manera de vivir y sentir.
Da lectura a un texto poético propio, “Calor del fuego”,
conde ‘cae la noche y el sueño abre la puerta a otro sueño’. Pintar, escribir,
soñar se lleva consigo en la esperanza de la primavera.
Momento de la intervención músicovocal de José Antº
Flores Yepes que, a la guitarra, ha acompañado todas las
intervenciones producidas y hará lo propio con las que aún quedan y se
produzcan. Ahora, en solitario, interpreta su canción “No tengo con qué pagar”.
Turno para la poeta Lucía Abadía,
que comienza con un soneto de amor, “Monótona manía”:
“…porque te quiero y
sueño a tu lado…
…Cuerpo feliz que tanto amo y siento…”
Y, a continuación, el poema “Una mañana de enero”.
Tiempo para SØren
Peñalver, que será el
cierre de la primera parte y la apertura de la segunda.
En su
práctica de leer poemas breves. Comienza con uno que trata de Libia, aun escrito
en Italia, “Arroz de boda”.
Otro poema, en
el que acudió la inspiración, mientras buceaba en la Ciudad de los Muertos, en
Alejandría: “Inscripción sumergida” que deviene en homenaje al poeta Fran
Fanon.
Antonio de Béjar, actor, hace un inciso para señalar que, desde su
percepción, los poemas llamados de amor lo son de desamor.
Y pasa a
recitar a los hermanos Machado, comenzando con Antonio, y destacando a Manuel: “Internacional”
("Chulo, souteneur, maquereau"…), también otro:
“Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado las golfas y el aguardiente...”
y continúa
también con otro de Manuel Machado:
Esta
es mi cara y ésta es mi alma: leed.
Unos ojos de hastío y una boca de sed...
Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe...
Calaveradas, amoríos... Nada grave,
Un poco de locura, un algo de poesía,
una gota del vino de la melancolía...
Unos ojos de hastío y una boca de sed...
Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe...
Calaveradas, amoríos... Nada grave,
Un poco de locura, un algo de poesía,
una gota del vino de la melancolía...
Para concluir
con un poema de José Mª Pemán dedicado a Manuel Machado: “Al poeta de las Soleares”.
Añade, en
bis, un poema de José Ángel Castillo, el soneto “Primavera”.
Hay que
reconocer el mérito profesional y artístico de Antonio de Béjar, su memoria, naturalidad y dicción, y
su capacidad de hacerse con el auditorio.
Y se abre camino
Lucía Abadía con su poema gastronómico-festivo “El paparajote”, que abre
un orgulloso y alegre debate sobre las bondades de la seña de identidad con el
dulce manjar que es el paparojote murciano: “su toque de canela / y su escarcha
azucarada…”
SØren
Peñalver, hace una
precisión a lo que se ha hablado de las influencias poéticas en los presentes
en la mesa: SØren habla de identidades poéticas, más
que de influencias.
Y pasa a la
lectura de un poema homenaje al poeta Patrikus, ambientado en el tango “Adiós
muchachos”.
José Ángel Castillo habla de las fases del amor en su “Razón de vivir” (¡Cómo olvidar la razón de vivir!”).
Se le pide al
pintor José
Mª Falgas que diga
algo sobre los compañeros de tertulia, y comienza con una afirmación rotunda: “SØren es un cuadro andante”. Lo que provoca una desenfadada y animada lucha,
(la lucha turca) que Falgas y SØren bien conocen, en donde intercambian ‘golpes’
dialécticos donde predomina el buen humor.
En este
momento hace su aparición y entrada el pintor Domingo Martínez Garrido, que hace entrega de un cuadro pintado por él mismo,
un retrato de SØren
Peñalver que entrega
al poeta de Albudeite.
El broche que
cierra el acto, tras la despedida de agradecimiento a los asistentes, por parte
de Guillermina
S. Oró, lo pone Antonio de
Béjar con la lectura de un romance compuesto por Lucía Abadía.
Y termina con
el poema “A mi sombra”,
de Manuel Machado:
Sombra, triste compañera
Inútil, dócil y muda,
Que me sigues dondequiera
Pertinaz como la duda.
Amiga que no se advierte,
Compañera que se olvida,
Afirmación de la vida
Que hace pensar en la muerte.
Retrato, caricatura…
Algo que soy yo y no es nada.
Cosa singular y pura,
Al par que broma pesada.
Obsesión y diversión
Del poeta solitario.
Insignificante y vario
Tema de meditación.
Primera copia grosera
Del cuerpo, y quizá del alma…
¿por qué esa terrible calma
Muda que me desespera?
Querría a veces borrarte,
Pìntura de brocha gorda.
…Mas yo he oído tu voz sorda
Y opaca en alguna parte.
Y conozco tu bondad
Socarrona y oportuna.
Y tus bromas a la luna,
Y tu gran fidelidad.
Dime, pues, en la postrera
Hora, en el último trance,
Cuando la luz no me alcance,
¿tú dónde irás, compañera?
Compañera que se olvida,
Amiga que no se advierte…
Afirmación de la vida
Que hace pensar en la muerte.
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Y esto ha
sido todo en el estreno de “Rincón Literario”, que coordina Guillermina S.
Oró y al que deseamos
se convierta en un referente de la cultura en Murcia, creando auditorio,
dirigido de públicos diversos, con éxitos y larga vida.
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En las paredes de este espacio artístico había expuesta una colección pictórica de Emilio
Villaescusa, sobre “Semblantes de la Última Cena”.
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Gracias por este gran reportaje. Un abrazo.
ResponderEliminarDe nuevo, cultura a raudales, a borbotones, en todas sus manifestaciones. Y tu texto en sí, una nueva entrada en tu blog que ya es un valor cultural en sí misma.
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