In
memoriam.
Días
de dolor por las personas víctimas del atentado y por nosotros mismos. Haya luz
en el presente, y se viva un futuro de paz y convivencia.
Tras
conducir el barco en aguas bravas, adiestrarlo en un mar más tranquilo.
Todos sabemos
que es bastante más que una gran ciudad; es un conjunto de símbolos que se
contienen en una palabra, PARÍS, capacidad de acogida que se construye y
permanece desde la Revolución (“Libertad, Igualdad, Fraternidad”; que no se nos
olvide). Ha sobrevivido y se ha fortalecido. Ahí está y estará París.
Hace unos
meses visité este faro del mundo que es París.
Llama atención la presencia de soldados del ejército
francés, con motivo de un sistema de alerta antiterrorista, que informa
mediante carteles en cualquier lugar. Tenían serios motivos para su despliegue
y cuidado.

El múltiple
atentado, con sus dramáticos resultados, es más que una acción de odio. Porque busca
resquebrajar y hacer caer los fundamentos de la sociedad que se basa en la
convivencia, la democracia, los valores, el progreso: contra los derechos
humanos y la humanidad en sí. Porque no hay razón alguna para atentar.
Instruidos en
el odio, ejecutan tremendas acciones diseñadas por mentes que cultivan el fanatismo
y se aprovechan de la libertad para actuar contra ella.
¿Qué razón y
sentimientos para estas atrocidades?
Si este es su
resultado: ni razón ni sentimiento.
Salvo la
espiral del odio.
Porque los
elaboradores y los ejecutores saben que el odio permanece y se proyecta, lo
actualizan y mantienen. Los ataques de París -y de otros lugares- se planean contra
el sentido de aquello que nos une: tolerancia,
respeto y libertad.
No podemos
perder la llama de luz que compartimos y nos une.
Se necesitará
tiempo y generaciones para que desaparezcan odio, resquemores y vuelva la
confianza. Es difícil olvidar el dolor y la sinrazón.
Y, ahora, se ha puesto,
en primer y preferente lugar, la seguridad. Habrá medidas para ello.
Suponiendo que
este fuera el último atentado, para vivir en convivencia pacífica y
constructiva pasará, además de tiempo, la reflexión sobre ideas diferentes y
sus conflictos reales, en el análisis de la experiencia multicultural, con
nuevas, mejores y posibles acciones para demostrar el vigor de los valores
civilizados, con proyectos imaginativos y eficaces para conseguir la
convivencia. No sólo la demostración de fuerza como respuesta que, aunque
necesaria, no puede ser la única vía.
Al hecho de la
lucha por la seguridad ha de sumársele la deconstrucción del odio y la
desconfianza. Para que las balas y las bombas no acaben con los sueños y los
deseos.
Y la fundación
del presente se viva porque hay un futuro que esperar.
"En la tristeza, el horror y el miedo es difícil poner palabras. Sin embargo, es necesario decirlas, y leerlas. Y sentir la fuerza de la unión de voces que diariamente suenan discrepantes, pero ante la barbarie y la sinrazón entonan la misma canción de fraternidad y libertad". JMM
ResponderEliminarMuchas gracias, JMM, por tu aportación
ResponderEliminarEntenderse y convivir es el objetivo. Hablar es necesario; aunque con las palabras se puede mentir y engañar, hay que esperar lo mejor del ser humano. Las palabras, todas las palabras, para que no haya municiones ni explosivos.
Y aporto aquí, como invitación, el poema de Blas de Otero, “Pido la paz y la palabra”:
Escribo
en defensa del reino
del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. He dicho
«silencio»,
«sombra»,
«vacío»
etcétera.
Digo
«del hombre y su justicia»,
«océano pacífico»,
lo que me dejan.
Pido
la paz y la palabra.
Aunque el corazón es universal, también el dolor, hablar su lengua:
ResponderEliminar"Paris, Paris... La solidarité es bien plus forte que la violence! Bon courage, les camarades!"
Muchas gracias. Hablamos en francés traducido en solidaridad a todos los idiomas
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