FLAUTA QUE SONRÍE CON EL PIANO QUE LE ACOMPAÑA: GOZAN CON EL ARROZ DE LA
ESPERANZA, SE ENVUELVEN EN AROMA DE MELOCOTÓN Y MUEVEN LAS CAÑAS DEL RÍO SEGURA
EN EL MALECÓN.
Itinerario y orientación.-
Había asistido a exposiciones de Trabajos Fin de Grado (TFG)
de algunas otras especialidades académicas, pero ninguna de la singularidad que contienen
las Enseñanzas Artísticas que, como todas, incluye su parte de tesis, análisis
y elaboración escrita. Pero, concretamente, en Música, la ejecución práctica, el
concierto, el recital/concierto es nuclear y decisivo. (Tanto es así que lo preparan y
contrastan durante al menos un año).
Los aspirantes estudian y se preparan, propician momentos de
simulación de examen, hasta desembocar en lo trascendente, que es el instante
en que el Tribunal constituido en el Conservatorio Superior califica la
audición.
Para flauta y piano, —y flauta y orquesta—, hay una amplísima
producción de composiciones, desde hace siglos. El Barroco y el Clasicismo cuentan con bastantes autores y
composiciones. El Romanticismo no consideró la flauta solista. Y todo el siglo XX
ha resultado un vórtice de extensa producción. (Quien suscribe lo desconocía.
Hoy, en parte, se rectifica esa carencia).
Se recogen aquí solo impresiones ante la música articulada
de flauta travesera y piano, valiéndose de intérpretes, destacadas protagonistas
que finalizan los estudios superiores de Música.
No es el objetivo hacer crítica musical, que para eso están los competentes y bien informados profesionales, si solo una actitud observadora desde la periferia, lo que es una
exploración indocta —musicalmente hablando— y placenteramente aficionada.
Dos programas distintos de Concierto, en diferente perspectiva y dedicación, donde conviven flauta y piano.

[El de Rocío Abril, se
ha seguido en dos ocasiones anteriores al momento del Tribunal calificador. En
el otro, el que interpreta y ejecuta Lorena Fernández, solo el día 30 de junio,
ante el Tribunal , en la situación final].
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El concierto de flauta de Rocío
Abril ha atravesado, cuando menos, tres significativos lugares y
circunstancias diferentes:
Auditorio de Calasparra.
Conservatorio de Cieza.
Conservatorio Superior,
Murcia
1.- La emotiva
responsabilidad de hacerlo bien en el lugar de nacimiento, —tierra del arroz y
de Esperanza—, donde
dio los primeros pasos organizados en la Música. Presente el público cercano:
familiares, amigos y las instituciones culturales de la localidad.
2.- Visita
obligada a la institución docente donde se adentró en el conocimiento, técnica
e interpretación de la flauta travesera: el Conservatorio de Cieza, donde sazonó
el arroz con melocotón y lo aceitó con las afamadas olivas.
Y 3.- El
acto definitivo de superación de la prueba en el Conservatorio Superior de
Música, crisol y plataforma musicales.
Tres momentos diferentes unidos por el programa de interpretación.
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Comenzamos con el concierto
de Rocío.
PROGRAMA
· Concertino para flauta y piano op. 107.- Cécile Chaminade
· Syrinx para flauta sola. C. Debussy
· Concierto para flauta y orquesta. Jacques Ibert.
Flauta: Rocío Abril
Piano: Mónica Iniesta
La música es ella misma más su recuerdo. Concluido el tiempo
y atrás el espacio, ya la música sólo existe en la memoria. La
memoria es vinculación emocional que explora la
relación entre música y esferas personales.
La música necesita que los seres humanos
se escuchen, porque en cada interpretación hay un fuego interior y una
pasión profunda.
A diferencia de la mirada sobre un cuadro, que nos muestra
de golpe todas las pinceladas, en la Música los sonidos nos llegan de uno en uno,
aunque comparezcan juntos, simultáneos, pero distintos. El sentido musical
reside en el recuerdo, en la relación entre los sonidos desgranados mediante la
interpretación.
Tanto en la versión singular de una pieza musical como en la complejidad que se
adquiere conforme se va enriqueciendo: desde el presente los sonidos viajan al
pasado vivo, y ahí residen en unidad y conjunto. Concluida cada parte, y el
concierto entero, conserva el aliento, en cúmulo, y seguimos con la audición
particular, lo que permite compartir coloquio específico con intérpretes y
público.
A través de diálogos intensos y de sugerencia narrativa,
siguiendo el orden del programa, solista y pianista son cómplices.
Esto podemos decir del programa, que ha
brindado Rocío Abril, por el que
presenta y exterioriza su trabajo de Fin de Grado.
Flautista
aventajada, de intensa formación, Rocío
se inicia en su Calasparra natal, —arroz y Esperanza—, luego en su Conservatorio de formación, en Cieza, —tierra de floración, melocotones y aceitunas—. Concluye y cierra este ciclo en el Conservatorio Superior de
Murcia, que es la plataforma de corte clásico para los jóvenes instrumentistas,
en estos tiempos en que nadie tiene demasiada paciencia para los
descubrimientos.
Rocío
ha escogido complejas piezas para flauta.
La
primera, un viaje de notas en cielo azul, el “Concertino”,
de Cécile Chaminade, donde el viento mueve los sonidos hacia lo alto, como el
vuelo una cometa que se desplaza en giros y danzas, sin alejarse, en su acuerdo
con el piano. Música delicada y sugerente, bandadas de aves acariciantes en sus
gorjeos que Rocío entrega a las personas que le escuchan.
El reto, en segundo lugar, la apuesta por
la responsabilidad en la soledad creativa del escenario: Syrinx,
flauta sola, de Debussy; pieza fundamental en el repertorio de un
flautista. Y porque —mitología
grecolatina— recoge los amores imposibles del feo dios
Pan y la esquiva ninfa Syrinx. De esta leyenda surge el instrumento conocido
como flauta de Pan.
Esta interpretación de Debussy, versión de Syrinx para
flauta sola, demuestra que la música se hace con el oído ayudado de las manos.
Técnica
depurada, pureza en el fraseo, expresividad serena: Rocío
Abril deslumbra con un Debussy convincente.

Y se llega a la sólida sección final: el
Concierto, de J. Ibert.

Las intérpretes en este concierto se asoman al público
contemporáneo y comparten el espacio sonoro y emotivo a la vez. Ambas, flauta y
piano, han hecho gozar al público de Calasparra y de Cieza en, al menos, tres
dimensiones: la memoria, que condensa los sonidos en los pliegues del tiempo;
la armonía/color, en la que los acordes se encuentran y refunden en timbres acompasados;
y la colaboración instrumental, que se manifiesta entre la realidad y el
espejo: la flauta señala clave, el piano sugiere y acompasa. Escuchamos el
tránsito intercomunicado: flauta en el honor y la gloria; y el piano con blasón
de alcanzar los sonidos orquestales.
Interpretación
memorable la del tercer movimiento, allegro
scherzando: flauta y piano simultáneos y diferenciados, comparten sus silencios y
sus intervenciones en solitario.
Tras escuchar el
concierto y, sobre todo, este tercer movimiento, lo he considerado un nuevo
ejemplo que ratifica mi extrañeza ante la expresión “piano acompañante”, que se emplea como
dogma lingüístico. Seguramente, busca ajustarse a la realidad.
Alude al piano como una
presencia menor, como elemento de compañía que presencia la acción con limitada
participación. Considero y afirmo que no. Alguien con convencimiento y
autoridad artística debería cambiar lo de ‘piano
acompañante’ por otra expresión más
justa y afortunada, ya que de manifestación artística hablamos y no mera
funcionalidad.
El piano acompaña…, sí;
y algo más, bastante. Sin sus referencias y señales el solista, el cantante
estarían al borde del extravío.
Podríamos imaginar que nos sentamos debajo
del piano a escuchar: una experiencia increíble que todos debiéramos experimentar;
el sonido, fuerte, hace vibrar el cuerpo que se llena de música. Todo cambiaría
con el protagonismo de Debussy.
Escuchar interpretaciones de obras de
compositores en lugares donde son poco habituales esconde una ambición mucho
más íntima y calculada, la de revitalizar la dimensión de la música por la que
se percibe en sus creaciones, que a menudo pasa inadvertida.
Ha sorprendido el efecto que las
diferentes acústicas ejercen sobre las obras, al tiempo que el concierto
ensancha un soplo de vida al piano aparentemente callado, participa en la
creación.
Rocío Abril, traspasando su
juventud, ha mostrado ambición por las posibilidades de la flauta. Y Mónica Iniesta ha escrito
otro capítulo en la búsqueda de una relación, que existe desde siempre, en la
medida en que las voces y los instrumentos solistas tienen nexos profundos, como
en un plano geométrico: sin el piano, se hiela la música en un edificio sin
alma.
La flauta de Rocío posee
una gran capacidad para conmover, gracias a la fuerza lírica de las piezas
elegidas y la abnegada labor de interpretación.
Acompañada con la indiscutible belleza que emana de las
manos de Mónica sobre el piano, música majestuosa y elegante.
El dueto interpretado por Rocío
Abril a la flauta y Mónica Iniesta
al piano, supone la unión entre dos esferas diferentes. Un dueto que seduce por
su envolvente risa de arroz y descubre un melocotón sedoso, con toda la
suavidad de las notas afrutadas.
Es una auténtica experiencia musical llena de sorprendentes
contrastes. Sin duda, un momento épico y simbólico, trascendiendo lo de
concierto de música, fervor entre asistentes de toda edad, familiares y amigos
que, en su memoria, tras salir del auditorio, llenan de música la ciudad.
Con ese material procesado, la flauta de Rocío Abril ha construido una dramaturgia, en un diálogo con la lúcida presencia de la pianista Mónica Iniesta.
Es el acto que transforma la música en espacio.
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[Continuará en una 2ª parte]
[Hasta aquí el primer TFG de Música al que se ha asistido. En breve se publicará nota del
segundo. Indudablemente ha habido muchos más, pero sólo se ha asistido a estos
dos, como muestra de lo que se hace en el Conservatorio Superior de Murcia y,
también, de la calidad de las intérpretes].