A jm2m,
que el retorno sea sosegado y agradable.
La organización del tiempo se muestra según
circunstancias y a veces de forma caprichosa. Tras los meses de concentración
vacacional, julio y agosto, aun queda tiempo de verano y veraneo. El tiempo se
hace nuevo cuando se aplican signos establecidos, como lo es la señal del final
de las vacaciones masivas. Verano todavía queda, pues no coincide esta
distribución temporal con la llegada del otoño, por ejemplo.
Tiempo de regreso y de recuperación de la actividad.
Se completa así un ciclo anual y otro empieza, como un cambio de modelo. Una fase de descanso, establecido y aceptado
por la comunidad, la que es desplazada a su final por otro período de trabajo.
En la transición se genera un conflicto por situaciones añadidas, una crisis por
acumulación de asuntos que atender cuando comienza un nuevo período de lo ‘normal’.
Agosto ya pertenece al pasado. Vaciadas las maletas,
quedan atrás los lugares de descanso de quienes lo han podido disfrutar. Vuelta
a la “normalidad”,
a la cotidianidad, en una aparente rutina. Aunque se
tenga claro, no obstante, cuesta volver al trabajo y a los quehaceres
programados.
Buena
parte de conciudadanos pueden sentirse molestos porque se digan palabras de
vacaciones cuando esa parte de ciudadanía está sin trabajo, para quienes los
fines de semana y el verano son iguales a los demás días del año. No lo
olvidemos.
Es imprescindible tener trabajo, pues es el que
posibilita las vacaciones, que son un derecho por costumbre, habitual en el modo de vida. Racionalmente
complejo de explicar, —contiene
muchos tópicos y simplezas llamativas para ‘justificarlo’—, se ha aceptado que el lunes y
los primeros días tras el regreso de las vacaciones son días malos para quienes
trabajan, porque se supone que la idea de bienestar emocional y el ánimo
favorable son producidos por el paréntesis en el trabajo.
Más
allá o más acá de los tópicos, no hay otra alternativa que la
del regreso al camino y a la labor.
Ayer
era agosto.
— ¿Qué día es hoy?
— Es el primer día de un nuevo año.
— ¡Qué dices…! Eso será el uno de enero. Y estamos en
septiembre.
— Por eso mismo: la vuelta a la faena de los trabajadores, los
escolares y estudiantes, con libros, equipamiento y uniformes nuevos, también los
cambios de centros.
— Trasiego extraordinario para las personas que han agotado las
vacaciones y para las familias, con nuevos gastos y situaciones.
— Entonces, ¿hay que decir “feliz año nuevo!”?
— Pues… sí.
Desde
otro ángulo, en la vuelta al trabajo se origina alguna expectativa de novedad y
cierta ilusión, también en otros aspectos. Debe serlo, sin frustración. Las
obligaciones cotidianas no pueden sentirse como un sacrificio. Porque no lo es.
Fijémonos
en que, además del trabajo, se recupera a las amistades y la vida social, con quienes
se comparte espacios de bienestar, o hábitos físicos saludables. Y la
participación en la cultura.
Tiempo de educación.

En
vez de poner adornos navideños, colguemos libros en los árboles, y de sus ramas
desciendan instrumentos musicales y máscaras teatrales, que nos recuerden lo
que puede hacer el ser humano: la humanidad es el distintivo.
Los
años pasan por encima, a veces como una tormenta, mientras tratamos de
sobrevivir. ¿Y dónde queda el beneficio de todo lo que nos rodea? ¿No
asimilamos “¡carpe diem!” o que, como palabras,
se han quedado solas?
— Alumbradas desde el pensamiento pero marcadas por la
intemperie.
— En la luz, no mires al espejo ni preguntes “dime quién eres”
Nada
es fácil. Dispongamos el tiempo para la dualidad de trabajo y el frenesí de lo
que ofrezca cada día. Y que encontremos espacio y elementos positivos para sentirnos
bien.
¡Feliz
curso nuevo!
Sí, la sensación esa de que empieza un curso nuevo, incluso para los que no vamos al cole; de que la vida ofrece una nueva oportunidad para vivirla mejor: todo son proyectos y buenos propósitos. Ahora, más que nunca, cobran vida esas palabras de Rilke, tan vitalistas, tan animosas y esperanzadoras como tu artículo , Juan: "Se siente el brillo de una nueva página / en la que aún todo puede acontecer" Veamos qué nos trae este nuevo curso. No ha podido empezar mejor, con tu texto y con tus fotografías, siempre tan sugerentes.
ResponderEliminarBienvenido septiembre, el nuevo curso y el nuevo ciclo, que fue para los bizantinos el inicio natural del año: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Calendario_bizantino
ResponderEliminarMuchas gracias, Charo: por la información y por participar con tu ccomentario
ResponderEliminarMuchísimas gracias, Juan. Tus palabras dedicadas son un dulce impulso para retomar las tareas. Trataré de afrontar la vuelta desde la expectativa de la novedad. Y evitar que la incertidumbre y la angustia por el tiempo, esa palabra que se repite en nuestro vocabulario porque está muy presente en nuestro pensamiento, ganen espacio a la ilusión. Un abrazo.
ResponderEliminarMuchísimas gracias, Juan. Tus palabras dedicadas son un dulce impulso para retomar las tareas. Trataré de afrontar la vuelta desde la expectativa de la novedad. Y evitar que la incertidumbre y la angustia por el tiempo, esa palabra que se repite en nuestro vocabulario porque está muy presente en nuestro pensamiento, ganen espacio a la ilusión. Un abrazo.
ResponderEliminar