“Si hoy es lunes, es que estamos en Zalacaín”
La Poesía, que aquí tiene templo de culto poético e
insaciable apetito, recibe hoy en ofrenda el poemario “El polvo
y la ceniza”, de Rafael Martínez Cuadrado.

Se recogen, en las páginas 82 y 83 del libro, las palabras
de razón poética de Antonio Colinas, acrisolado poeta, estudioso y crítico
literario, dice que el autor:
“…en su libro no cae en ningún desliz, y en
definitiva un libro bastante redondo, bastante acabado. Una de las
características de esta obra es la cultura (…) que se muestra en un lenguaje
preciso, sin excesos, muy puro”.
Francisco Javier Díez
de Revenga, Catedrático de la Universidad de Murcia, en La Opinión de Murcia, publicó
que Rafael Martínez Cuadrado “es un consumado humanista y un gran lector
de poesía. Su producción tiene una sólida inspiración poética”.
(…) “todo el volumen se halla presidido por una
cohesión lírica extrema, que ya viene sugerida por el significativo título del
poemario ‘El polvo y la ceniza’” (…)
“Es una poesía presidida por los recuerdos,
por la memoria, por la lamentación constante de lo que se ha marchado, de lo fugitivo
de la existencia y de los días. La angustia que preside todo el poemario lo
hace más directo, más cercano, y también más universal”.
(...) “Non omnis
moriaris”, titula uno de los poemas glosando a Horacio, “no morirás del todo”. Nada morirá
del todo porque para eso está la poesía”.
…Y con esto podría quedar concluido, dicho amplio y bastante, para
certificar la calidad poética del libro y para recomendarlo. Si este testimonio
lo formulan, entre otros, dos reputados expertos y actores poéticos, nada puedo
añadir: el trabajo serio ya está hecho.
No obstante, el trabajo de lectura tiene aún tajo donde
cultivar y habrá que decir algo. Como destacar dos aspectos formales, algo más
que anecdóticos. El primero es que el libro está bien editado: tapa dura —para
que aguante muchas lecturas—, sobrecubierta en color; hojas de buen grosor,
tipo y tamaño de letra muy legibles. Ya es un buen comienzo para acercarse al
contenido de la obra.
El otro es, como avisó Francisco Martínez en su
introducción, que se trata de poemas con rima y ritmo, versos medidos, que
justifican la actitud del autor que, con recia voz segura, ha desplegado una
lectura entonada, trabajada, la memoria le funciona y observa al público con
intencional mirada de compartir. Y lo consiguió.
Superando la gravedad de los temas con un fino humor, aún en
la emoción, con seria austeridad sentimental, Rafael ha logrado que su libro lo
sea para ver y escuchar.
(Escrito en la sobrecubierta,
lo cual facilita el acercamiento)
Una primera lectura del contenido poético, muestra la inventiva
verbal de Rafael Martínez, quien sorprende con inesperadas sensaciones, con aciertos
expresivos destacables, en los cinco segmentos del libro:
1ª sección.- Familia.-
Significativas personas en ausencia: la del padre y la del joven
hermano, que se internaron en el camino sin retorno,
“…pues tu amargura aún persiste
y tu
sonrisa aún presencio”.
Al hermano José dedicará dos emotivos sonetos, de los que
extraemos:
“…No te despiertes. Sigue así, dormido,
mientras brilla la luz de nuestras estrella
anhelante del mundo prometido”.
Como también del ‘Responso’
por el padre:
“Ahora que no puedes responderme
dime,
padre, si existe un paraíso
donde
podrá mi espíritu sediento
reconquistar
tu corazón herido”.
Y la ternura hacia la madre presente:
“Mientras lloran tus
ojos me contemplo en tus lágrimas…”
Un retrato familiar de alcance universal, como nos enseña el
conocido verso de Wordsworth, “El niño es el padre del hombre”, la infancia recreada se mueve entre dos orillas: una, el paraíso
perdido. Otra, la infancia como época.
2ª sección.-
El arte y el artista. Varios de sus textos nacen de la visión de creaciones
artísticas ajenas.
Acrisolados en endecasílabos, los
aspectos líricos del verso:
“…Si el alfarero da la
forma al barro,
el poeta le da la forma a la idea”.
Con la herencia de lecturas intensas de autores de calidad
probada: Borges, S. Freud, Alberti, L. Panero, Luis García Montero... -por nombrar a unos pocos-; con los dones
del poema: dioses, musas, labor paciente y minuciosa.
Y haber leído mucho, como ha sido su especial dedicación a
la Grecia clásica:
“Pues ha llegado,
amigos, el momento
en que alegre y sereno voy camino
del Hades…”
(‘Testamento de
Epicuro’).
3ª sección.- Erótica: amor y desamor.
Canciones empedradas de desamor, inspiradas
en experiencia que niega con ímpetu: se escribe desde la perspectiva de un
personaje y basado en la cotidianeidad.
Destaca el cuadro mediterráneo, ‘Marina’:
“…Vuelan gaviotas en el cielo y siento
la
eternidad gozando este momento…”
En ‘Eros y Thánatos’,
cuando la muerte es el camino hacia la nada eterna…
“…Desde mi soledad ya no hay frontera
que
separe el presente del pasado.
Huésped de mis recuerdos yo quisiera
evocarte en desdén enamorado”.
“¿Dónde saciar mi sed sino en tus labios?”
(‘Búsqueda’)
También hay que acentuar la continua presencia de la “soledad”, que resiste
en la reflexiva madurez, como dificultad a la atención de la tragedia íntima. Muestra
de ello:
“Te doy mi soledad. Es todo lo que tengo...
…Te doy mi soledad. Dame tu aliento”
(‘Invocación’)
“…Porque mi soledad te busca entre los nombres…”
(‘Palabras de
amor’)
4º sección.- Toponimias.
Poemas a ciudades y lugares:
Cádiz y Granada. Mediterráneo y Mar Menor.
De entre ellos, dedica un poema
a su hermano Jerónimo, ‘Paseo en Cabo
Roig’
“…Era un atardecer de cualquier día”.
5ª sección.- Meditaciones elegíacas.
En realidad, no existe
independencia entre las cinco piezas del volumen. La elegía y la
soledad en la poesía.
Crónica de un tiempo de elegía, donde
plasma el dolor. Difícil y conmovedora conclusión del libro.
Y lo hacemos con el poema que da
título al libro, un soneto crepuscular y emotivo:
Como la luna alumbra una vereda
donde sin luz andamos al vacío
en una noche eterna. Como el frío
que hiela nuestras almas, sin que ceda
al calor nuestro aliento. Nada queda
después de caminar junto a aquel río
que llaman del olvido. Y siento mío
el dolor de los hombres, la humareda
de dolor que ha brotado a sangre y fuego.
En pavesas se mueve mi palabra
y en cenizas mi verso se convierte.
Nadie escucha mi voz, la voz de un ciego
Pidiendo en el silencio que alguien abra
los ojos que -cerrados- ven la muerte.
Hechos que adquieren valor de
elementos simbólicos y encaminan hacia el único desenlace posible. Buena
literatura, íntima, sin gestos retóricos: lirismo en voz baja. Un sentido de
extraordinaria elegía que preside este poemario de vida y en la
que se mezclan recuerdos, contemplación de objetos al paso del tiempo,
sensaciones de extremada sutileza y paisaje envolvente de la majestuosidad del
mar.
Para leer despacio. Y también en voz alta.
Muchas gracias por esta reseña tan elogiosa.
ResponderEliminarMuchas gracias por esta reseña tan elogiosa. Un abrazo.
ResponderEliminarNo me ha parecido a mí elogiosa, Rafael, sino verídica y objetiva. Vamos, que lo que predomina no es el elogio, sino contar lo que vio -y, sobre todo, lo que oyó- aderezado con la transcripción literal de unos versos que ya se "elogian" por sí mismos: magníficos. Doy fe, tras su lectura, lo que ya sabía desde hace años: que eres un magnífico poeta que, como tal, sabes tocar todos los registros, incluído ese tan sumamente difícil del humor. ¿Para cuándo otro libro con esa temática, ahora que tan necesitados estamos de, al menos, una sonrisa? Un placer reencontrarte en el blog de Juan, y con el motivo, siempre para celebrar, de la presentación de un nuevo libro.
ResponderEliminar