La lista es amplia, muy extensa,
desde “El Padrino” hasta “Gans of New
York” con Leonardo di Caprio, y cómo no, la mayoría de películas
de Woody Allen están rodadas aquí.
Así como las de asuntos policiales, con el
puente de Brooklyn, los Juzgados en el singular edificio representativo y la
escalinata donde se cruzan abogados, querellantes y periodistas.
También las películas de
catástrofes enormes, como «Godzilla» o «Independence Day» (todo a lo grande: es
Nueva York).
Ya sabemos: catálogo interminable,
lo que transmite el sentir de que reconocemos lo que vemos y no somos extraños
aquí.
Tres palabras (“domingo” y “Nueva York”) evocan películas. De entre
muchas, “Sunday in New York”, (1963, que protagonizó Jane Fonda). Y otra “Un
día en Nueva York (On the Town)”, un musical estrenado en Broadway, llevado al
cine, con Gene Kelly y Frank Sinatra como protagonistas; (De la ‘prehistoria’,
¿verdad?).
Y porque sería inacabable
comentar sobre cine relacionado con Nueva York, volvamos al recorrido en
domingo.
25 septiembre. Llegada en
metro (subway)
a la Estación Central. Una vez dentro, compulsivamente, surge la expresión:
—
¡Está igual!
—
Estación Central de N.
Y.: Lugar precioso.
—
Sí. E incluyendo a los
‘marines’, militares de vigilancia por las amenazas del terror.
(cuidado al tomar fotos en la estación, en el
aeropuerto y otros lugares, …por si acaso llaman la atención y surgen problemas
que, en este asunto, la sensibilidad es compleja y a flor de piel).
Habíamos dejado el relato
neoyorquino en el final del viaje en ferry, que ayuda a hacerse una idea
(aquello fue mucho más duro) de la llegada de inmigrantes europeos a América.
Tras el desembarco en
Manhattan continúa el día más largo.
Una
escultura en bronce de 3.200 kilos, de un
enfurecido toro embistiendo, (‘Charging
Bull‘) también conocido como ‘Wall
Street Bull‘, en el distrito financiero de Manhattan,
muy próximo a Wall Street.
Simboliza la fuerza y el optimismo en las finanzas, pues los toros, al
embestir, lo hacen hacia arriba, al igual que el gráfico de la bolsa cuando
sube.
¡Qué éxito de público y …toqueteo!
Es habitual la cola para
fotografiarse junto al toro; con tocarlo se busca suerte y
prosperidad económica.
Y llegamos a Wall Street, el centro
mundial del capitalismo más puro.
Wall Street, el océano en el
que desemboca el oro en ríos de todas las partes de la tierra. Y también la
tragedia.
A donde corren desde sus fuentes
lejanas ríos de oro de todos los colores. Y entre ellos los ríos árabes
llevando millones, víctimas y ofrendas al Gran Ídolo.
Es el sur de Manhattan. Al
final de la calle está Iglesia episcopaliana de la Trinidad (Trinity Church), de
confesión episcopal situada en la intersección de Wall Street con Broadway.
Hay cabida para anécdota.
Celebran la Misa solemne de
domingo a las doce. Entro con decisión atraído por lo monumental del edificio religioso y las
cristaleras.
Una chica con identificación
de la organización eclesiástica me dice:
—
Excuse me, sir.
Y me pregunta si voy a
comulgar (es el momento).
Mi trayectoria va descaminada e inconveniente.
—
No, —le respondo negando con la cabeza. Me ruega que no
siga avanzando hasta el altar mayor. Me he equivocado, es una negligencia por
mi parte. Y me disculpo.
Cabizbajo, abandono la iglesia.
Y entro en el histórico cementerio que la rodea y que
se ve desde la calle.
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Día de hacer compras: es domingo pero los comercios están abiertos.
En las cercanías están los Almacenes
Century. Muy grandes y con varias plantas de mercancía. No tienen las zapatillas
deportivas que yo busco. No me interesa comprar otras cosas.
Caminar da hambre y es la
hora de comer.

Comida sencilla, ligera pero
esto es Nueva York turístico y, por tanto, de precio elevado, como los
rascacielos que nos rodean.
Estamos muy próximos a la
zona cero del 11-S.
Por lo que hay confluencia de
personas. Gente de lo más diversa, con diferentes acentos
lingüísticos.

Hoy es el día largo y
apretado. Tras el café, a las tres y media, ya en marcha.
Reagrupación en la puerta
de otra iglesia: la de san Pablo.
Esta aproximación a la ciudad
significa un abrazo a Nueva York.
Caminamos hasta el puente de
Brooklyn.
(Nuevamente surgen referencias cinematográficas, es lógico).
En este
puente con doble vía paralela, el tráfico rodado va por la de debajo.
Arriba los
peatones y el carril bici...
Es un doble puente que cuenta con interesante historia,
plagada de anécdotas.
Como la de que una mujer que por allí andaba, tropieza y
cae, lo que dio lugar a que el puente se considerara inseguro. Para desmentir
lo que se consideró un bulo, el ingeniero aprovechó la presencia de un circo en
las cercanías: alquiló y sacó a pasear a los elefantes por el puente durante
todo el día. Con más de cien años, ahí sigue.
Un grito del interior:
—
¡Puente de
Brooklyn!
Nueva York, cuerpo de color cemento y de
asfalto, en el que reconocemos su arquitectura, sus gentes, su insomne
movimiento.
El río nos devuelve grito:
—
¡Verteré sobre ti un elixir y te daré larga vida!
Conocemos que el ser humano
se emociona con diferentes elementos y se altera, con los edificios, con las
calles, con la música, con el arte. Es siempre subjetivo y cada quien reacciona
de manera diferente.
Como lo hiciera García Lorca
en su célebre libro, Poeta en Nueva York, seguimos y caminamos por el mapa de una ciudad
vital, desmesurada y atrayente. Reverberan
los versos de García Lorca en su Oda a
Walt Whitman:
Por el
East River y el Bronx
los
muchachos cantaban…
…
Por el
East River y el Queensborough
los
muchachos luchaban…
y el
cielo desembocaba por los puentes y los tejados...
(…)
Y tú,
bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson
con la
barba hacia el polo y las manos abiertas…
Conmueve el ánimo.
Es algo subjetivo, claro. Y
como tal, difícil de nivelar para todos. Cada cual siente a su modo y lo mide según
entiende. ¿Se pueden medir las sensaciones, el
impacto emocional?
=====ooooo00000ooooo=====
Quedamos en un punto de
retorno. Por lo que cada quien va a sus compras según previsiones, encargos y
gustos.
Ahí enfrente está lo que
queda de la Litle Italia: solo subsiste una calle de lo caracterizada y afamada
que fue. Las tiendas siguen, pero regentadas por pakistaníes e hindúes. Y los
chinos al acecho para ir invadiendo pacífica y comercialmente.
“Italia es Eatalia” hay escrito en una bolsa. De la Litle Italia solo queda esto. Hoy celebran al
patrón, san Genaro, los puestos ocasionales son de comida, en medio de la
calle, que tapan a las tiendas y sus gestores muestran su incomodidad enfada,
porque dicen que dificulta la entrada de compradores.
Mucha gente.
Camino despacio porque no se
puede ir más deprisa. No me agrada el olor de comida. En la hora que es no
siento apetito por lo que ofrecen. Los puestos de comida están abarrotados de
gente engullendo supuesta comida italiana.
Sigo paseando, en la
observación del lugar.
Noto una leve presión en el
bolsillo izquierdo trasero. Noto la sombra y la presión. Alguien me empuja con
todo el cuerpo. Casi automáticamente me intereso alarmado por qué puede ser y
mi mano, en el camino del bolsillo trasero izquierdo, se tropieza con el puño de
una chica que pretende hurtarme el contenido. Busca quizá la cartera, que no la
llevo ahí sino en el bolsillo de delante del pantalón vaquero al que hasta a mí
me cuesta acceder. Se ha confundido con la bolsa de pañuelos que llevo en el
bolsillo de atrás
Le agarro la mano. Ella se
suelta con un gesto violento, sin mucha resistencia por mi parte, pues no la he
atenazado. En la consideración de que no se ha consumado el hurto, y en la probabilidad
de que podía estar cerca algún compañero/cómplice de fechoría que pudiera agredirme,
con la excusa de que me he convertido en agresor.
Seguidamente, la chica
levanta las manos como hacen los futbolistas ante el árbitro excusándose de
cometer falta.
—
“¡No he hecho nada!”.
("I did nothing!”, me dice en inglés).
Rápidamente decido salir de
aquí, pues considero que soy un objetivo y tengo cierto susto.
Además, no me interesa el
tipo de comercios: cutres y caros.
Llego a la acera y voces
elevadas de tono me hacen mirar hacia el interior de una tienda, donde
reconozco a una compañera del grupo de viaje, y observo que uno de los dos
empleados, quizá indostaní, reacciona groseramente ante el regateo por el
precio de una camiseta, y la llama stupid.
Mi gesto es de que abandone el local, lo que hacemos sin mediar palabra.
Ya fuera de la tienda, comentamos el
hecho y le refiero el mío.
Cruzamos la ancha calle y de
nuevo en Chinatown.
—
¿Te apetece un café? —le propongo, tras los incidentes.
No puede llamarse cafetería a
lo que es un local nada llamativo sin distinción ni elegante. Las empleadas son
de semblante asiático. Sin prisa —hemos quedado en pocos minutos con el resto
del grupo—, las chicas nos sirven los cafés para llevar.
Un café, 3 dólares.
Quizá debiéramos haber
cruzado la calle nuevamente, algo más abajo, que hay un Starbucks, cafeterías
de moda.
Concentrado nuevamente el
grupo, dejamos atrás Chinatown.
Llegamos el SOHO.
Destacan las edificaciones
arquitectónicas características de principio de siglo XX. Espacio protegido.
Entramos en la calle Verde
(Green Street).
Las tiendas de diamantes y
piedras preciosas regentadas por judíos.
Al paso, vemos la tienda de
modas de la hija del beatle Paul McCartney.
También la de ‘Victoria
secret’. (Otra compañera compra 5 pares de bragas, en oferta. Nos las enseña:
¡preciosas!).
Cae la tarde, se van
encendiendo las luces.
El Empire State building,
iluminado, nos acompaña con su mirada de luz.
Hay compañeros de viaje que
acusan el cansancio.
Quieren regresar cuanto antes al hotel, les comenté:
—
Otra experiencia: subirte
a un taxi en Nueva York.
Los demás seguimos caminando.
(Lo que se comenzó en subway,
luego en ferry, sigue y concluirá a pie).

Inmensidad de gente en
calles, plazas y avenidas.
Y policía, mucha policía.
Un domingo completo en Nueva
York:
—
Es increíble —me dije—. Increíble, de verdad.
Las sirenas de ambulancias y
policía no estremecen a los conductores. Las de los bomberos, distinta y
característica, como sirena de barco, sí: se abre paso rápidamente a quienes son
considerados los héroes de Nueva York.
Los teléfonos móviles también
sonaban. O quizá se repasaba las fotos hechas.
Lucha
de perspectivas en las escenas cotidianas. Todo está a punto de suceder y a la
vez ya ha pasado. Solo se puede contar estas historias con voz susurrante y sin
afectación.
La lumbre de estas voces
viene de adentro
y yo no sé su nombre.
En
una especie de diálogo polifónico, las voces de la luz deslumbran el presente,
ante los misterios recónditos del enigma de Nueva York.
En el hotel no nos ha dado
tiempo a ver televisión, ni periódicos, ni revistas, salvo en el tiempo del
desayuno, donde nos enteramos del debate entre D. Trump y H. Clinton.
Noche, antes de
dormir,
vive la alegría más
pura
la de un cielo en
medio
del sueño que no se
escapa,
la emoción solemne
y la alegría más pura
de un día en la
ciudad grande.
La vitalidad de una ciudad en
continua transformación y crecimiento. Con propósito de volver.
=====ooooo00000ooooo=====
ADENDA.- Ampliación de contenidos.
Había que acabar el relato del viaje. Y lo
hacemos aquí.
Conscientes de que hay
ausencias de lo que se vio y sería extenso seguir diciendo las impresiones y anécdotas
de esta ciudad capital del mundo:
· Central Park.
· La opulencia y la pobreza:
el Banco de América, con sus cristaleras-espejo dispuestas de tal modo que
simula un barco en navegación.
Y habría que observar por qué
ocurren esas situaciones de pobreza extrema en una estado donde la tasa de paro
no llega al 2%.
· Comentar la importancia de los edificios religiosos, catedral de san Patricio, con sus dibujantes y pintores que se inspiran en el templo.
· Hablar de los edificios
singulares de Manhattan: el Crysler, por supuesto.
· Y de la visita a la terrazas
del Rockefeller Center y del Empire State.


· El edificio de la ONU
(Naciones Unidas)
· Opera House, de Nueva
York
·
Y ¡tantos otros y muchos más lugares y paisajes neoyorquinos!
(Hasta otro viaje).
Vuelvo a "robarte" una frase para contestarte, porque lo resume todo: "La palabra contiene en sí todos los mundos". Tus crónicas han contenido Nueva York, con tus impresiones, tus experiencias ( hasta las malas, como esta última del conato de robo), tus imágenes, tu mirada, tan personal. Ha sido todo un placer viajar contigo, y en absoluto me ha resultado aburrida. ¡ Si no, no habría llegado hasta el final...! Así que ve pensando cuál será tu próximo destino, anda. Siempre das una visión de los sitios única. Porque tú eres, también, único.
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