jueves, 30 de junio de 2016

RECITALES DE FLAUTA Y PIANO (I) CULMINA EL TRABAJO FIN DE GRADO

FLAUTA QUE SONRÍE CON EL PIANO QUE LE ACOMPAÑA: GOZAN CON EL ARROZ DE LA ESPERANZA, SE ENVUELVEN EN AROMA DE MELOCOTÓN Y MUEVEN LAS CAÑAS DEL RÍO SEGURA EN EL MALECÓN.

 
       
    Itinerario y orientación.-

   Había asistido a exposiciones de Trabajos Fin de Grado (TFG) de algunas otras especialidades académicas, pero ninguna de la singularidad que contienen las Enseñanzas Artísticas que, como todas, incluye su parte de tesis, análisis y elaboración escrita. Pero, concretamente, en Música, la ejecución práctica, el concierto, el recital/concierto es nuclear y decisivo. (Tanto es así que lo preparan y contrastan durante al menos un año).

   Los aspirantes estudian y se preparan, propician momentos de simulación de examen, hasta desembocar en lo trascendente, que es el instante en que el Tribunal constituido en el Conservatorio Superior califica la audición.

    Para flauta y piano, —y flauta y orquesta—, hay una amplísima producción de composiciones, desde hace siglos. El Barroco y el Clasicismo cuentan con bastantes autores y composiciones. El Romanticismo no consideró la flauta solista. Y todo el siglo XX ha resultado un vórtice de extensa producción. (Quien suscribe lo desconocía. Hoy, en parte, se rectifica esa carencia).
     Se recogen aquí solo impresiones ante la música articulada de flauta travesera y piano, valiéndose de intérpretes, destacadas protagonistas que finalizan los estudios superiores de Música.
        No es el objetivo hacer crítica musical, que para eso están los competentes y bien informados profesionales, si solo una actitud observadora desde la periferia, lo que es una exploración indocta —musicalmente hablando— y placenteramente aficionada.


   Dos programas distintos de Concierto, en diferente perspectiva y dedicación, donde conviven flauta y piano.

     Buscan y se esfuerzan en obtener la mejor aceptación y beneplácito ante el TFG

[El de Rocío Abril, se ha seguido en dos ocasiones anteriores al momento del Tribunal calificador. En el otro, el que interpreta y ejecuta Lorena Fernández, solo el día 30 de junio, ante el Tribunal , en la situación final].

=====ooooo00000ooooo=====

      El concierto de flauta de Rocío Abril ha atravesado, cuando menos, tres significativos lugares y circunstancias diferentes:

Auditorio de Calasparra.
Conservatorio de Cieza.
Conservatorio Superior, Murcia

1.- La emotiva responsabilidad de hacerlo bien en el lugar de nacimiento, —tierra del arroz y de Esperanza—, donde dio los primeros pasos organizados en la Música. Presente el público cercano: familiares, amigos y las instituciones culturales de la localidad.

2.- Visita obligada a la institución docente donde se adentró en el conocimiento, técnica e interpretación de la flauta travesera: el Conservatorio de Cieza, donde sazonó el arroz con melocotón y lo aceitó con las afamadas olivas.

Y 3.- El acto definitivo de superación de la prueba en el Conservatorio Superior de Música, crisol y plataforma musicales.

Tres momentos diferentes unidos por el programa de interpretación.
________________

Comenzamos con el concierto de Rocío.

PROGRAMA
· Concertino para flauta y piano op. 107.- Cécile Chaminade
· Syrinx para flauta sola.                          C. Debussy
· Concierto para flauta y orquesta.           Jacques Ibert.

Flauta: Rocío Abril   
Piano: Mónica Iniesta

     La música es ella misma más su recuerdo. Concluido el tiempo y atrás el espacio, ya la música sólo existe en la memoria. La memoria es vinculación emocional que explora la relación entre música y esferas personales.
    La música necesita que los seres humanos se escuchen, porque en cada interpretación hay un fuego interior y una pasión profunda.

    A diferencia de la mirada sobre un cuadro, que nos muestra de golpe todas las pinceladas, en la Música los sonidos nos llegan de uno en uno, aunque comparezcan juntos, simultáneos, pero distintos. El sentido musical reside en el recuerdo, en la relación entre los sonidos desgranados mediante la interpretación.
   
  Tanto en la versión singular de una pieza musical como en la complejidad que se adquiere conforme se va enriqueciendo: desde el presente los sonidos viajan al pasado vivo, y ahí residen en unidad y conjunto. Concluida cada parte, y el concierto entero, conserva el aliento, en cúmulo, y seguimos con la audición particular, lo que permite compartir coloquio específico con intérpretes y público.
     A través de diálogos intensos y de sugerencia narrativa, siguiendo el orden del programa, solista y pianista son cómplices.

     Esto podemos decir del programa, que ha brindado Rocío Abril, por el que presenta y exterioriza su trabajo de Fin de Grado.
      Flautista aventajada, de intensa formación, Rocío se inicia en su Calasparra natal, arroz y Esperanza, luego en su Conservatorio de formación, en Cieza, tierra de floración, melocotones y aceitunas. Concluye y cierra este ciclo en el Conservatorio Superior de Murcia, que es la plataforma de corte clásico para los jóvenes instrumentistas, en estos tiempos en que nadie tiene demasiada paciencia para los descubrimientos.

    Rocío ha escogido complejas piezas para flauta.
 
    La primera, un viaje de notas en cielo azul, el “Concertino”, de Cécile Chaminade, donde el viento mueve los sonidos hacia lo alto, como el vuelo una cometa que se desplaza en giros y danzas, sin alejarse, en su acuerdo con el piano. Música delicada y sugerente, bandadas de aves acariciantes en sus gorjeos que Rocío entrega a las personas que le escuchan. 


  El reto, en segundo lugar, la apuesta por la responsabilidad en la soledad creativa del escenario: Syrinx, flauta sola, de Debussy; pieza fundamental en el repertorio de un flautista. Y porque mitología grecolatina recoge los amores imposibles del feo dios Pan y la esquiva ninfa Syrinx. De esta leyenda surge el instrumento conocido como flauta de Pan.
      Esta interpretación de Debussy, versión de Syrinx para flauta sola, demuestra que la música se hace con el oído ayudado de las manos.
     Técnica depurada, pureza en el fraseo, expresividad serena: Rocío Abril deslumbra con un Debussy convincente.

      En la libertad de interpretación, Rocío ha hecho que su flauta, en escasos minutos, despliegue y transmita una muy sugerente emoción rozando la ternura. La intimidad se puede crear con los personajes concebidos como sonido. En la interpretación musical, es esencial el trabajo de nadar en las almas de los personajes y así mostrar el campo expresivo. 


        Y se llega a la sólida sección final: el Concierto, de J. Ibert.

  La pianista Mónica Iniesta conduce la colaboración con la flauta hasta el encanto interpretativo que nos hace imaginar la orquesta completa. Una clase magistral de música de cámara, para flauta y piano.
 
      Las intérpretes en este concierto se asoman al público contemporáneo y comparten el espacio sonoro y emotivo a la vez. Ambas, flauta y piano, han hecho gozar al público de Calasparra y de Cieza en, al menos, tres dimensiones: la memoria, que condensa los sonidos en los pliegues del tiempo; la armonía/color, en la que los acordes se encuentran y refunden en timbres acompasados; y la colaboración instrumental, que se manifiesta entre la realidad y el espejo: la flauta señala clave, el piano sugiere y acompasa. Escuchamos el tránsito intercomunicado: flauta en el honor y la gloria; y el piano con blasón de alcanzar los sonidos orquestales.

     Interpretación memorable la del tercer movimiento, allegro scherzando: flauta y piano simultáneos y diferenciados, comparten sus silencios y sus intervenciones en solitario. 

Tras escuchar el concierto y, sobre todo, este tercer movimiento, lo he considerado un nuevo ejemplo que ratifica mi extrañeza ante la expresión “piano acompañante”, que se emplea como dogma lingüístico. Seguramente, busca ajustarse a la realidad.
Alude al piano como una presencia menor, como elemento de compañía que presencia la acción con limitada participación. Considero y afirmo que no. Alguien con convencimiento y autoridad artística debería cambiar lo de ‘piano acompañante’ por otra expresión más justa y afortunada, ya que de manifestación artística hablamos y no mera funcionalidad.
El piano acompaña…, sí; y algo más, bastante. Sin sus referencias y señales el solista, el cantante estarían al borde del extravío.

      Podríamos imaginar que nos sentamos debajo del piano a escuchar: una experiencia increíble que todos debiéramos experimentar; el sonido, fuerte, hace vibrar el cuerpo que se llena de música. Todo cambiaría con el protagonismo de Debussy.
   Escuchar interpretaciones de obras de compositores en lugares donde son poco habituales esconde una ambición mucho más íntima y calculada, la de revitalizar la dimensión de la música por la que se percibe en sus creaciones, que a menudo pasa inadvertida.
      Ha sorprendido el efecto que las diferentes acústicas ejercen sobre las obras, al tiempo que el concierto ensancha un soplo de vida al piano aparentemente callado, participa en la creación.
   Rocío Abril, traspasando su juventud, ha mostrado ambición por las posibilidades de la flauta. Y Mónica Iniesta ha escrito otro capítulo en la búsqueda de una relación, que existe desde siempre, en la medida en que las voces y los instrumentos solistas tienen nexos profundos, como en un plano geométrico: sin el piano, se hiela la música en un edificio sin alma.

       La flauta de Rocío posee una gran capacidad para conmover, gracias a la fuerza lírica de las piezas elegidas y la abnegada labor de interpretación.
   Acompañada con la indiscutible belleza que emana de las manos de  Mónica sobre el piano, música majestuosa y elegante.

    El dueto interpretado por Rocío Abril a la flauta y Mónica Iniesta al piano, supone la unión entre dos esferas diferentes. Un dueto que seduce por su envolvente risa de arroz y descubre un melocotón sedoso, con toda la suavidad de las notas afrutadas.  

     Es una auténtica experiencia musical llena de sorprendentes contrastes. Sin duda, un momento épico y simbólico, trascendiendo lo de concierto de música, fervor entre asistentes de toda edad, familiares y amigos que, en su memoria, tras salir del auditorio, llenan de música la ciudad.




   Con ese material procesado, la flauta de Rocío Abril ha construido una dramaturgia, en un diálogo con la lúcida presencia de la pianista Mónica Iniesta.


    Es el acto que transforma la música en espacio.


=====ooooo00000ooooo=====

[Continuará en una 2ª parte]

      [Hasta aquí el primer TFG de Música al que se ha asistido. En breve se publicará nota del segundo. Indudablemente ha habido muchos más, pero sólo se ha asistido a estos dos, como muestra de lo que se hace en el Conservatorio Superior de Murcia y, también, de la calidad de las intérpretes].

RECITALES DE FLAUTA Y PIANO (I) CULMINA EL TRABAJO FIN DE GRADO

FLAUTA QUE SONRÍE CON EL PIANO QUE LE ACOMPAÑA: GOZAN CON EL ARROZ DE LA ESPERANZA, SE ENVUELVEN EN AROMA DE MELOCOTÓN Y MUEVEN LAS CAÑAS DEL RÍO SEGURA EN EL MALECÓN.

 
       
    Itinerario y orientación.-

   Había asistido a exposiciones de Trabajos Fin de Grado (TFG) de algunas otras especialidades académicas, pero ninguna de la singularidad que contienen las Enseñanzas Artísticas que, como todas, incluye su parte de tesis, análisis y elaboración escrita. Pero, concretamente, en Música, la ejecución práctica, el concierto, el recital/concierto es nuclear y decisivo. (Tanto es así que lo preparan y contrastan durante al menos un año).

   Los aspirantes estudian y se preparan, propician momentos de simulación de examen, hasta desembocar en lo trascendente, que es el instante en que el Tribunal constituido en el Conservatorio Superior califica la audición.

    Para flauta y piano, —y flauta y orquesta—, hay una amplísima producción de composiciones, desde hace siglos. El Barroco y el Clasicismo cuentan con bastantes autores y composiciones. El Romanticismo no consideró la flauta solista. Y todo el siglo XX ha resultado un vórtice de extensa producción. (Quien suscribe lo desconocía. Hoy, en parte, se rectifica esa carencia).
     Se recogen aquí solo impresiones ante la música articulada de flauta travesera y piano, valiéndose de intérpretes, destacadas protagonistas que finalizan los estudios superiores de Música.
        No es el objetivo hacer crítica musical, que para eso están los competentes y bien informados profesionales, si solo una actitud observadora desde la periferia, lo que es una exploración indocta —musicalmente hablando— y placenteramente aficionada.
 


   Dos programas distintos de Concierto, en diferente perspectiva y dedicación, donde conviven flauta y piano.

     Buscan y se esfuerzan en obtener la mejor aceptación y beneplácito ante el TFG

[El de Rocío Abril, se ha seguido en dos ocasiones anteriores al momento del Tribunal calificador. En el otro, el que interpreta y ejecuta Lorena Fernández, solo el día 30 de junio, ante el Tribunal calificador, en la situación final].

=====ooooo00000ooooo=====

      El concierto de flauta de Rocío Abril ha atravesado, cuando menos, tres significativos lugares y circunstancias diferentes:

Auditorio de Calasparra.
Conservatorio de Cieza.
Conservatorio Superior, Murcia

1.- La emotiva responsabilidad de hacerlo bien en el lugar de nacimiento, —tierra del arroz y de Esperanza—, donde dio los primeros pasos organizados en la Música. Presente el público cercano: familiares, amigos y las instituciones culturales de la localidad.

2.- Visita obligada a la institución docente donde se adentró en el conocimiento, técnica e interpretación de la flauta travesera: el Conservatorio de Cieza, donde sazonó el arroz con melocotón y lo aceitó con las afamadas olivas.

Y 3.- El acto definitivo de superación de la prueba en el Conservatorio Superior de Música, crisol y plataforma musicales.

Tres momentos diferentes unidos por el programa de interpretación.
________________

Comenzamos con el concierto de Rocío.

PROGRAMA
· Concertino para flauta y piano op. 107.- Cécile Chaminade
· Syrinx para flauta sola.                          C. Debussy
· Concierto para flauta y orquesta.           Jacques Ibert.

Flauta: Rocío Abril   
Piano: Mónica Iniesta

     La música es ella misma más su recuerdo. Concluido el tiempo y atrás el espacio, ya la música sólo existe en la memoria. La memoria es vinculación emocional que explora la relación entre música y esferas personales.
    La música necesita que los seres humanos se escuchen, porque en cada interpretación hay un fuego interior y una pasión profunda.

    A diferencia de la mirada sobre un cuadro, que nos muestra de golpe todas las pinceladas, en la Música los sonidos nos llegan de uno en uno, aunque comparezcan juntos, simultáneos, pero distintos. El sentido musical reside en el recuerdo, en la relación entre los sonidos desgranados mediante la interpretación.
   
  Tanto en la versión singular de una pieza musical como en la complejidad que se adquiere conforme se va enriqueciendo: desde el presente los sonidos viajan al pasado vivo, y ahí residen en unidad y conjunto. Concluida cada parte, y el concierto entero, conserva el aliento, en cúmulo, y seguimos con la audición particular, lo que permite compartir coloquio específico con intérpretes y público.
     A través de diálogos intensos y de sugerencia narrativa, siguiendo el orden del programa, solista y pianista son cómplices.

     Esto podemos decir del programa, que ha brindado Rocío Abril, por el que presenta y exterioriza su trabajo de Fin de Grado.
      Flautista aventajada, de intensa formación, Rocío se inicia en su Calasparra natal, arroz y Esperanza, luego en su Conservatorio de formación, en Cieza, tierra de floración, melocotones y aceitunas. Concluye y cierra este ciclo en el Conservatorio Superior de Murcia, que es la plataforma de corte clásico para los jóvenes instrumentistas, en estos tiempos en que nadie tiene demasiada paciencia para los descubrimientos.

    Rocío ha escogido complejas piezas para flauta.
 
    La primera, un viaje de notas en cielo azul, el “Concertino”, de Cécile Chaminade, donde el viento mueve los sonidos hacia lo alto, como el vuelo una cometa que se desplaza en giros y danzas, sin alejarse, en su acuerdo con el piano. Música delicada y sugerente, bandadas de aves acariciantes en sus gorjeos que Rocío entrega a las personas que le escuchan. 


  El reto, en segundo lugar, la apuesta por la responsabilidad en la soledad creativa del escenario: Syrinx, flauta sola, de Debussy; pieza fundamental en el repertorio de un flautista. Y porque mitología grecolatina recoge los amores imposibles del feo dios Pan y la esquiva ninfa Syrinx. De esta leyenda surge el instrumento conocido como flauta de Pan.
      Esta interpretación de Debussy, versión de Syrinx para flauta sola, demuestra que la música se hace con el oído ayudado de las manos.
     Técnica depurada, pureza en el fraseo, expresividad serena: Rocío Abril deslumbra con un Debussy convincente.

      En la libertad de interpretación, Rocío ha hecho que su flauta, en escasos minutos, despliegue y transmita una muy sugerente emoción rozando la ternura. La intimidad se puede crear con los personajes concebidos como sonido. En la interpretación musical, es esencial el trabajo de nadar en las almas de los personajes y así mostrar el campo expresivo. 

        Y se llega a la sólida sección final: el Concierto, de J. Ibert.

  La pianista Mónica Iniesta conduce la colaboración con la flauta hasta el encanto interpretativo que nos hace imaginar la orquesta completa. Una clase magistral de música de cámara, para flauta y piano.
 
      Las intérpretes en este concierto se asoman al público contemporáneo y comparten el espacio sonoro y emotivo a la vez. Ambas, flauta y piano, han hecho gozar al público de Calasparra y de Cieza en, al menos, tres dimensiones: la memoria, que condensa los sonidos en los pliegues del tiempo; la armonía/color, en la que los acordes se encuentran y refunden en timbres acompasados; y la colaboración instrumental, que se manifiesta entre la realidad y el espejo: la flauta señala clave, el piano sugiere y acompasa. Escuchamos el tránsito intercomunicado: flauta en el honor y la gloria; y el piano con blasón de alcanzar los sonidos orquestales.

     Interpretación memorable la del tercer movimiento, allegro scherzando: flauta y piano simultáneos y diferenciados, comparten sus silencios y sus intervenciones en solitario. 

Tras escuchar el concierto y, sobre todo, este tercer movimiento, lo he considerado un nuevo ejemplo que ratifica mi extrañeza ante la expresión “piano acompañante”, que se emplea como dogma lingüístico. Seguramente, busca ajustarse a la realidad.
Alude al piano como una presencia menor, como elemento de compañía que presencia la acción con limitada participación. Considero y afirmo que no. Alguien con convencimiento y autoridad artística debería cambiar lo de ‘piano acompañante’ por otra expresión más justa y afortunada, ya que de manifestación artística hablamos y no mera funcionalidad.
El piano acompaña…, sí; y algo más, bastante. Sin sus referencias y señales el solista, el cantante estarían al borde del extravío.

      Podríamos imaginar que nos sentamos debajo del piano a escuchar: una experiencia increíble que todos debiéramos experimentar; el sonido, fuerte, hace vibrar el cuerpo que se llena de música. Todo cambiaría con el protagonismo de Debussy.
   Escuchar interpretaciones de obras de compositores en lugares donde son poco habituales esconde una ambición mucho más íntima y calculada, la de revitalizar la dimensión de la música por la que se percibe en sus creaciones, que a menudo pasa inadvertida.
      Ha sorprendido el efecto que las diferentes acústicas ejercen sobre las obras, al tiempo que el concierto ensancha un soplo de vida al piano aparentemente callado, participa en la creación.
   Rocío Abril, traspasando su juventud, ha mostrado ambición por las posibilidades de la flauta. Y Mónica Iniesta ha escrito otro capítulo en la búsqueda de una relación, que existe desde siempre, en la medida en que las voces y los instrumentos solistas tienen nexos profundos, como en un plano geométrico: sin el piano, se hiela la música en un edificio sin alma.

       La flauta de Rocío posee una gran capacidad para conmover, gracias a la fuerza lírica de las piezas elegidas y la abnegada labor de interpretación.
   Acompañada con la indiscutible belleza que emana de las manos de  Mónica sobre el piano, música majestuosa y elegante.

    El dueto interpretado por Rocío Abril a la flauta y Mónica Iniesta al piano, supone la unión entre dos esferas diferentes. Un dueto que seduce por su envolvente risa de arroz y descubre un melocotón sedoso, con toda la suavidad de las notas afrutadas.  

     Es una auténtica experiencia musical llena de sorprendentes contrastes. Sin duda, un momento épico y simbólico, trascendiendo lo de concierto de música, fervor entre asistentes de toda edad, familiares y amigos que, en su memoria, tras salir del auditorio, llenan de música la ciudad.




   Con ese material procesado, la flauta de Rocío Abril ha construido una dramaturgia, en un diálogo con la lúcida presencia de la pianista Mónica Iniesta.


    Es el acto que transforma la música en espacio.


=====ooooo00000ooooo=====

[Continuará en una 2ª parte]

      [Hasta aquí el primer TFG e Música al que he asistido. En breve se publicará nota del segundo. Indudablemente ha habido muchos más, pero sólo se ha asistido a estos dos, como muestra de lo que se hace en el Conservatorio Superior de Murcia y, también, de la calidad de las intérpretes].

lunes, 20 de junio de 2016

Homenaje para don MANUEL CIFUENTES: matemático autodidacta, profesor orientado, persona entregada.


 
   Este de hoy es un viaje hacia la memoria y regreso al presente, que es lo que se vive.
     Los acontecimientos pueden ocurrir en cualquier parte.
     Destaca que sea en CEUTÍ, (municipio de Murcia, de vocación universal).
   
      No se es absolutamente objetivo cuando se menciona y habla de Ceutí, por la singularidad que le define, por su enclave geográfico (en aquella época, para llegar a Ceutí, había que proponérselo, pues no cogía al paso de fáciles vías de comunicación). Se sabe de Ceutí en cualquier geografía. Hoy las cosas han cambiado, aunque falta mucho por hacer.

    Ceutí, sus habitantes y administradores, en vez de recluirse, se hicieron eco e intuición, con juiciosa percepción: se estimuló la práctica de lo que era, más que una aventura, una vocación docente pues, desde luego, no supuso un negocio y sí una entrega vital para alcanzar una idea. Varios maestros y profesores, para salir de las limitaciones, constataron que era necesaria más educación, más formación; asentada la Primaria, abrirse a la Secundaria (que, por una parte, no era obligatoria; y, por otra, contaba con escasos institutos en la región o en gestión de instituciones religiosas.


   Y ese brío abierto y expansivo, se inició un camino que se ha mantenido en el paso de los años, en la realidad cultural y en otras manifestaciones, como que Ceutí es gran museo al aire libre.

       En el sueño y en la práctica, la dedicación de profesores y alumnos, nació la “Academia”, iniciada en años de la posguerra incivil y que, con su planteamiento educativo, abrió caminos para ser transitados por chicos y chicas del pueblo, y de los vecinos lugares de Lorquí y Alguazas. 

     La peculiaridad del momento histórico, de escasez de recursos económicos, pero de abundancia de talento personal, hizo arraigar este establecimiento docente, que preparaba a sus alumnos para los exámenes de los cursos de Bachillerato.
       Al final del curso, se viajaba a Murcia, y en un día o dos, a lo sumo, se pasaban las pruebas. Su resultado, cada año: un destacable altísimo índice de éxito, incluyendo calificaciones significadas. Era la forma de redención ante la penuria y la adversidad.
      A la “Academia”, resulta obvio, sin excusa, se iba a estudiar. No había tregua ni descuido ante las tareas de enseñanza y aprendizaje.

(Habrá mucho que contrastar y detallar, pero eso es tarea de los historiadores y los cronistas).

  Hoy damos cuenta del agasajo a la dedicación del profesor M.  Cifuentes. Su proyección y eco en la calidad del alumnado: cierto que hubo alumnos brillantes y destacados en la Academia. 

        No es menos cierto que hubo muchísimos de gran eficiencia en el estudio y muy significados en sus alcances profesionales posteriores: el germen y abono estuvo en el profesorado, en el ineludible interés y aplicación de tantos alumnos y varias generaciones, superando las condiciones sombrías, años de emigración y carestía. La carencia tiene una parte bella: cuando alcanza su objetivo la recompensa es inmediata.


      Es la búsqueda, de preferir las ideas para descubrir alguna verdad. Lo único que se esperaba del estudio es que hubiera una verdad que diera sentido a la vida y abriera el futuro. En la sociología de aquellos años, los padres trataban de que prosperaran sus hijos. Y el detalle cotidiano del momento que se inicia a finales de los años 50 del siglo pasado es el microcosmos de la Academia de Ceutí.


     Decía A. Camus, premio nobel, que la vida es un largo rodeo para volver a las verdades de la infancia. El caso es que el domingo 19 de junio, asistieron más de noventa personas de diferentes edades, antiguos alumnos y alumnas, acompañantes, familiares y el homenajeado, Manuel Cifuentes Clavijo.


  Conmoción con el acto promovido por un grupo de antiguos alumnos y, como cabeza del círculo organizador, José Manuel Pérez Muñoz, hasta hace poco, director del instituto de Ceutí.


   
     Vaya por delante que los asistentes tenían previsto menú, porque las fiestas donde no se come no son fiestas. 

      Horas de convivencia en un evidente presente, palabra y recuerdo, con hilos de nostalgia. Se navegó por huellas consistentes desde el principio de estudiantes, en lo que fue la Academia de Ceutí
     Visita al pasado y regreso continuo a la actualidad: quedamos nosotros. Ahora; sin que sea ejemplo el ‘Ángel de la Historia’, del filósofo Walter Benjamin, que mira hacia atrás y se asusta. Miramos y volvemos la mirada al presente.

        Aquí miramos hacia atrás y sonreímos. Estamos casi todos los convocados, en torno a la figura de Manuel Cifuentes, profesor de Matemáticas en aquella institución, tan de sólida utilidad, en su momento histórico, como lo eran el Ayuntamiento, las fábricas, el Casino y las significadas entidades civiles y religiosas.

 
   Hace seis décadas desde el inicio, que ha durado hasta la construcción y funcionamiento del Instituto de Ceutí. Un periplo acompañado, se le rinde tributo y se encuentra la dignidad en el retrato del profesor que está ahí: la  Academia regresa sorpresivamente en apetecible recuerdo vivo. Hermoso momento de búsqueda y encuentro de las raíces y la pertenencia a la comunidad.

   



  No hubo elogio desmesurado: sin concesiones, como en su época no hubo tiempo de perderlo. Allí intervinieron alumnos que lo fueron, como Pepe Escámez, Valentín y Diego Corbalán entre otros. Y cantaron los panegíricos en torno a la figura significada de Manuel Cifuentes. Repetirlo aquí o intentar otros nuevos adjetivos solo sería un pálido reflejo. 



 [Lo que se echó de menos fue la intervención de alguna alumna, de entre las presentes, que eran bastantes y, seguro, tiene una visión distinta y distinguida que aportar. Sentimos esa ausencia].


       Como señalaba el poeta Rilke, estamos llamados a pensar con el corazón, a la vez que se sale de la soledad y de la nostalgia.

      Lo del domingo fue un relato coral, donde nos identificamos. Se llega a reconocer temas que son muy importantes como la lealtad, la naturaleza, la eficiencia en el resultado de la docencia y la bondad. porque el corazón es la máquina del ritmo, es la máquina de la precisión, es la máquina de la vida. El sentimiento es una forma de conocer. Una vez satisfecho lo material, la realidad se encuentra al principio del camino.

     Los pueblos pequeños tienen muchos problemas. Estar ubicado en la periferia, lejos de las grandes ciudades, es otro problema que influye, sin duda.
 
   Manuel Cifuentes, hombre que comprendió el valor de los objetos en el plano y en el espacio, también los detalles; persona y profesor entregado, se mantuvo fiel a su dedicación matemática, confió plenamente en que el estudio es vehículo de superación, camino del éxito personal del estudiante y colectivo de una sociedad.
        Su éxito y, hoy, su reconocimiento, tiene dimensión arquetípica. Cuando le conocías sabías que habías conocido a un profesor entregado a lo suyo, sobre su personalidad, con la iluminación sobre su vida y su biografía. Muchos de Ceutí nos sentimos orgullosos.

      Los ceutienses hemos bebido conceptos y cultura de todas partes, afortunadamente. Tenemos el mestizaje colosal de ideas, de pueblos y personas que nos han enseñado tantas cosas.

        Emprendedores, artistas hasta ser caballeros andantes, trovadores y todas las otras versiones de la cultura. Todo ese mundo, sin duda, está sentimentalmente aquí y sigue en el subconsciente colectivo, desde el que se educa a las nuevas y actuales generaciones, también por el sentimiento, de ser personas capaces.
       Es hermoso que un/a muchacho/a comience su vida y se abra camino sobre el propio panorama que le ofrecieron. Y, sin prejuicios, -que impiden descubrir y conocer a las personas-, que busque sentido a todos los símbolos. La mirada hacia el mundo de una forma diferente.

       Evidentemente la palabra, socialmente hablando, es justicia, para que cada día no falte el pan ni las cosas elementales.
     Una manera fresca y conmovedora de hablar de existencias complicadas: las de aquellos estudiantes ceutienses que en los sesenta del pasado siglo dejaban el pueblo, camino de un futuro, abiertos a una esperanza de cercano plazo. Promesa como agarre sólido frente a la incertidumbre.

    El tono desenfadado con el que se vivió el domingo este momento de nostálgica convivencia, conforme avanza este homenaje al carácter épico del profesor Cifuentes, la historia gana en solidez.

       En la conciencia de la infancia había tanto por descubrir que incluso a los miedos se les llamaba misterios.
     En la madurez se estrechan los caminos, la propia nostalgia se describe como una camiseta que te gustaba mucho y ya no te cabe. Humor, ironía, juegos de palabras, buena reflexión, van configurando.

       Momento sugestivo y espléndido que habla de una vida liberada de los afanes, la de Manuel Cifuentes.



¡Enhorabuena, don Manuel!

Su gente está aquí. Para compartir muchos y largos años que se le desean de vida.

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Tinta invisible


 
     El espacio que hay entre el homenaje merecido y el encuentro entre iguales sirve, cuando menos, este encuentro para recuperar, actualizar el contacto con compañeros y amigos de siempre.

      La realidad es una muestra a escala de los intereses de todos. Solo que aquí, todo está puesto al servicio del relato de la historia y de los hechos.

      La referencia, la crónica por lo general es nada fácil.
     Y, también, por si no se nombra a todos quienes asistieron a este espacio necesario, pudiera parecer descortesía. No, que no le sea; solo falta de espacio. 

     Dar de esto exige salir de sí y desprenderse de todo, hacer que las cosas entren.
     Esto es un paso más en esa mirada allá lejos y ahí afuera.

    No hay contradicción alguna, la mirada a lo más íntimo y profundo, y es que, en la visión del mundo desde Ceutí.

     Lo que está en el interior, afuera es apropiado y se hace interior.

     ¿Pasado?, ¿futuro? Tan sólo ahora mismo: el instante no vive en un antes y un después”.
     Sentimiento de Ceutí, donde lo particular y lo universal son categorías indiferenciadas. Se supera la contradicción viviéndola.



      Creo que ya el hecho de publicarlos aquí dice mucho de la situación. 

jueves, 16 de junio de 2016

CORAZÓN Y LIBROS, VIDA Y LITERATURA. AMISTAD

     6:25 de la tarde. Hacia el Museo de Bellas Artes, cruzo las plazas de Romea y santo Domingo como lo que son, en este caluroso día de junio: tramos de la travesía del desierto, que será así hasta que avance octubre.
       Ensayo general del grupo de teatro “Canna brevis”, por si procede, algún retoque o ajuste al recital de hoy.
 Charo Guarino, poeta y amiga muy próxima a la malograda Rosa Hernández, es, en esta ocasión, la directora-coordinadora del complejo acto. Evidente responsabilidad. Desde hace meses laborando en dos libros de Rosa publicados: “De profundis, rosae” y “Eros 2 8” —recién salido de imprenta, en tiempo real— para mostrar todo lo que se pueda sobre estos textos de Rosa Hernández.
    Denso programa. Que hoy abre con la presentación—recital en torno a “De profundis”. (En otoño, se presentará el otro libro, “Eros 2 8”).

Amistad es más que la bella perspectiva de una palabra.

       Existe amistad si se demuestra con actos y circunstancias, como le gustaba decir a Rosa Hernández.
      El acto—recital contiene múltiples significados, como lo son las caras de la moneda, desde el origen en que dos personas hermanadas, como el agua (Rosa), caudal de creatividad, —en literatura y pintura—, y el árbol (Charo), eco activo y autónomo, viva sombra espacial que, en la parte de acá, edita los textos escritos por Rosa. Doble espacio; uno, conquistado por la autora de libros publicados y, el otro, en el que habita vivamente, en el corazón y la memoria de Charo —quien ha recogido y dado vida a algunas piezas de Rosa Hernández— y otras muchas personas: mientras haya quien la recuerde, lea sus libros y los dé a conocer, vivirá.

         El valor y la influencia de una obra, su autora y quien la edita

    Al igual que resulta muy difícil hallar la diferencia entre el bailarín de su danza, tampoco es fácil separar a las autoras de la obra.

       Nueve piezas seleccionadas para el recital. De entre las que se destaca “Palabras”, sin demérito alguno de los otros ocho. ¿Hay un orden de prioridad entre amistad, vida y literatura? Al mismo tiempo, un buen ejemplo de lo que encontramos en el resto. El contenido de todos es eminentemente personal, a la vez que de calidad literaria, sin teorizar sobre los principios de la creación; plasmar las impresiones personales en lo que implica y significa escribir vida como literatura.

      Tienen los libros lo más grande, calidad y sentimiento. Y también quieren hasta lo más pequeño, el roce y las luminosas chispas que salen mientras recorren su camino. La amistad dura más de tres décadas intensas, vivida capítulo a capítulo. A quienes hoy preguntan y se emocionan, Charo pone la entonación y la mirada, también en las anécdotas.




 [Equipo técnico: Irene y Charo]

  







Cada vida es difícil, como una astilla de hielo. Y entre nosotros, en salón de actos del MUBAM, estuvo la madre, la familia y amigos de Rosa, quien eligió qué hacer con cada palabra, cada gesto. Bajo un techo de cristal emerge transformada en luz diurna, la que se despliega en cada una de sus obras, estudiadas y leídas con admiración y respeto.
       Fragmentos de esperanza en que no lo sabemos todo; quedan zonas donde la vida y la historia habitan.

     Los fragmentos, conciencia de espectadores, giran como al azar y vuelven profundamente reconstruidos. La recopilación por la editora, Charo Guarino, agrupa relatos y poemas, claves de un inspirado universo literario, proceso de pasión lectora: intención de la autora y apreciación de lectora. Varias de las historias tienen que ver con los años de infancia y juventud en los espacios la huerta, donde adquieren novedosa dimensión metafórica. Entrañable y lúcido.




  "Agua de lluvia". [Ángela, Sonia y Santiago].-
  
     Encontrará el lector cercanía, entendimiento, complicidad. También pasión. Y amor. Los textos de Rosa poseen timbre realista, asentados en las relaciones entre los personajes. Desde el primer relato, “Agua de lluvia”, los protagonistas viven la aventura de las goteras en las casas. Tal situación, historia de aquellos, afortunadamente ya, lejanos años, hace humor de lo que es realmente patético.  
       Realidad y personajes que intentan dar un nuevo sentido a sus vidas.


"María" [Diana, Ángela, Leticia y Juan].

 







   "Sublimidad de lo cotidiano", con Aurora Gil Bohórquez.














                           "Ángel". (Leticia y Juan)












 
    "Sonrío", [Pepa].-















                                 "Cosas sencillas", [Charo].-








        "Placeres solitarios" [Santiago].


















"El lenguaje de las cosas" [Loreto, Leticia, Sonia y Pepa].-




        Vivencias y tradición oral recogidas en la metafórica pasión, que no se desvanece como la llama de una vela. Todas las formas de la vida afloran como amapolas en campo de trigo, posibilitando que el lector deduzca sus propias conclusiones. No se sale indemne de estas cosas. Las historias, los acontecimientos y las anécdotas se expanden hasta contar la vida de una comunidad expandida y compleja. Sugerir la lectura de los relatos es más importante que cualquier cosa que se pueda añadir como presentación. 
  

  Interés tienen los textos que ofrecen la descripción de las extraordinarias personas normales, apresadas en los pequeños y grandes dilemas íntimos y sociales, testimonio potencial de múltiples manifestaciones humanizadoras.

     Lenguaje que busca la fusión entre el lirismo y lo natural con pasión impulsora de la actividad creadora, donde pesa el pensamiento y el orden, paradigmas de la amistad ajustada en el crecimiento interior y en la literatura.

       Dualidad vital, como los versos que escribió Goethe:
“…y lo que ha sido dado a toda la humanidad
quiero gozarlo yo mismo en mi interior,
asir con mi mente lo más alto y lo más bajo...”

      El espíritu de este libro, “De profundis, rosae”, revelador de la dualidad que señalamos. Su significado rebasa una relación afortunada: dos inteligencias que supieron congeniar y que mutuamente se fecundaron. Rosa y Charo representan la realidad, con carácter simbólico y cultural: amistad de continua trayectoria, convivencia, coloquio de colaboración y debate, afecto compartido.
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         Diez y media de la noche, de regreso. Antes, una gratificante y compensadora cerveza, conviviendo en la cercanía de familiares de Rosa y del grupo de teatro. En la calle sopla viento, parece movido por una mano amiga, se agradece, hace más amable la estancia, el diálogo y el paseo.

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          Y el texto, a continuación:
Palabras
    Y él, el amigo, me dice: “las palabras por aquí se las lleva el viento, vamos a tener que comunicarnos de otra forma”.
   
Pero yo sé que no, las palabras no se las lleva el viento, no, al menos, en mi cabeza. Mi cerebro las recuerda, juega continuamente con ellas. Como en una máquina de bolas, se iluminan, se encienden con un golpe de esa bola que toca aquí y allí. Luces de neón, fuegos artificiales son palabras en mi cabeza. Gestos que se hacen palabras, silencios que traduzco a palabras, emociones a las que designo con palabras.
    Mientras él, el amigo, dice eso, mi mente se pregunta: ¿Amigo? ¿Palabras? ¿Viento? Y juega con ellas, con su significado, con los recuerdos, con las emociones. Y crea pensamientos, frases que nunca serán voz.
 
 Pensando en las palabras me acuerdo de ella.  Recuerdo que mi madre me ha contado que lo primero que perdió fueron las palabras, pero no, no se las llevo el viento, se las llevó la enfermedad. Ella que hizo tanto bien con las palabras no hubiera consentido que se las llevara el viento.
    La imagino sentada en la mesita que tenían, muy pequeña, en la que siempre comieron todos.
    La familia fue creciendo y la mesa no, pero tampoco había mucho que comer, ni platos para poner sobre ella. Una cuchara para cada niño, otra para ellos y la olla en medio, no importaba que fuera pequeña. En esa mesa, la única que había en la casa, ella se sentaba cuando venían las vecinas con una hoja de papel de cartas y escribía las cosas cotidianas que las vecinas le contaban, con su letra redonda y femenina, contaba a los maridos ausentes, cuando eran más jóvenes por la guerra y más tarde por la emigración, que las hortalizas se habían helado, o que la cochina había parido; quizá que el niño mayor ya iba, de vez en cuando, a la escuela y estaba aprendiendo a escribir y pronto podría escribirle él. O alguna confidencia que la abuela jamás revelaba: un embarazo, recuerdo de la última visita o cualquier detalle más íntimo que ella guardaba como en secreto de confesión. Traducía a un lenguaje epistolar las cosas que esas mujeres solas le contaban y que llegarían a los maridos o los hijos que estaban lejos. Palabras afectuosas que quizá esas mujeres nunca dirían, por decoro, a sus maridos si los tuvieran cerca.
    Escribía al abuelo, que pasó la guerra en Teruel, en intendencia. Estuvo en casa de una viuda que tenía a un hermano cura escondido y contaba que un día cuando ya estaba cansado de seguir fingiendo que no se había dado cuenta le dijo que podía salir, que él no lo iba a denunciar. Por carta le comunicaría el nacimiento de su primer hijo, creo. Mi tío nació durante la guerra.
    Por carta se comunicaba más tarde con sus hijos mayores que emigraron a Alemania. Les daba cuenta de cómo iban las cosas en la familia y en el pueblo, si algún otro vecino había emigrado. Con palabras amorosas de madre los acercaba a su casa y a su país.
   Y llego un día en que se sentó a escribir, puso el encabezamiento, “Queridos hijos”, y no supo cómo seguir. No recordó cómo hacerlo.
     Los recuerdos que yo tengo de ella son de un tiempo después. La enfermedad fue muy rápida.
    Me gusta pensar que la última palabra que olvidó fue “amor”. Se acordaba del amor que sentía por sus hijos ausentes y de cómo escribírselo.
    Más tarde, cuando yo era niña, íbamos a casa del abuelo los domingos. A veces, cuando la cosecha o la venta de los limones había ido bien, el abuelo nos mandaba un taxi; otras mi padre hacía varios viajes con la moto; y otras, la mayoría, íbamos andando (de ahí vendrá mi gusto por andar).
   La abuela era muy golosa y ya entonces comía muy poco. Le encantaban los Dani de chocolate, un lujo que no se podían permitir en aquellos tiempos, pero que a la abuela se lo daban; también le gustaban mucho los caramelos Sacys. De camino a la antigua casa de mi madre hacíamos un alto en la tienda y comprábamos un duro de caramelos que mi madre repartía en nuestras manos para dárselos cuando llegáramos a la abuela. Los llevábamos apretados en nuestras manitas para que no se nos cayeran, y rara vez -aunque nos gustaban mucho- nos comíamos alguno. Queríamos guardarlos para ella.
      Lo último que olvidó fue el amor, aunque no sabía que había una palabra para designarlo, ni mucho menos recordaba cómo escribirlo. Pero cuando esos domingos veía aparecer a su hija mayor con sus nietas, las dos vestiditas iguales, con las manos apretadas y repletas de caramelos, una sonrisa le iluminaba el rostro, sus ojos, tan azules y grandes, se perdían con su espléndida sonrisa. Por un instante -quiero pensar-, recordaba el amor que sentía por su hija y por sus nietas, aunque no supiera lo que era ni supiera nombrarlo.
   Poco después mi madre nos dijo que a la abuela ya no le gustaban los caramelos, pero nosotras nos empeñábamos en seguir comprando, no podíamos entender cómo habían podido dejar de gustarle. Era cierto, ya no sonreía cuando llegábamos, la besábamos abrazándola y le mostrábamos unos pocos caramelos y su rostro no se iluminaba como antes. Los adultos no querían que se los diéramos y nos decían que mejor nos los comiéramos nosotras, pero nosotras lo que queríamos era recuperar la sonrisa de la abuela, esa que sólo duraba un segundo pero lo iluminaba todo. Ya no recordaba cómo comer, cómo tragar, y se podía atragantar.
   
Aunque en aquella época yo no tenía conciencia del tiempo, creo que pasó poco. Una mañana vinieron a buscar a mi madre y ella nos dijo que se tenía que ir, que ya éramos mayores y nos dejaba al cuidado de nuestro hermano. Yo tenía seis años, mi hermana nueve y mi hermano dos. Volvió por la noche, muy tarde y muy triste. Nosotros veíamos la tele y mi padre dijo que no podíamos verla. Cuando se estaba de luto no se veía la tele ni se escuchaba la radio. Mi madre dijo que no, que los niños no tenían culpa de nada. Y nos contó que la abuela se había ido al cielo.
      Ése es el único viento que realmente barre las palabras.
(Rosa Hernández)
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Nota.- Ha concluido el ciclo del curso teatral de “Canna brevis”.
             En el otoño, volvemos: homenaje a los cinco autores de aniversario y, en diciembre, con el reconocimiento a santa María de la Arrixaca.