porque soy signo lingüístico..."
escribe y dice Alberto Caride, en la presentación—recital de su último poemario titulado:
“…una lluvia de
cenizas
que anega el
alma porosa,
un
silencioso tiempo
para digerir
en silencio los cristales".
Presentación de poemario.
“'La rama nunca se desgaja limpia del leño'”
El escenario —como no podía ser de
otra manera— es el Café Zalacaín, y el tiempo, la noche del lunes.
(Alberto Caride es
coordinador de los “Lunes poéticos de Zalacaín”).
Alberto tiene publicados
el libro 'El
viaje en el que te conocí' (2009)
y los poemarios 'Narciso despeinado' (2012)
y 'Ciudades
Jirón' (2014).
Hablemos del recital, acuerdo entreverado, con
avenencia entre poemas y canciones, trama y urdimbre, fórmula que ha orientado
esta presentación poética hacia un recital—concierto: breves poemas, —o
fragmentos de otros más extensos—, recitados por Alberto Caride, y las estrofas de canciones interpretadas por el
cantautor y también poeta, Juan Manuel Sánchez Meroño, delicada voz en tono
intimista: se entrecruzan, como aviones de certamen en tiempo de vuelo de
riesgo, sin colisionar, resguardados por la guitarra solista de Jorge Meroño.
Este proceder enhebra voces, música y palabras concurrentes y
compartidas. (No conocía esta modalidad, —por inexperiencia—. Es interesante y
se agradece que haya innovación en las muestras poéticas). Mezclar la ceniza
con la tierra del nuevo tiesto.
Alberto sigue desgranando sus versos: “…respirar solo luz con los ojos…”; mientras Juan Manuel, en
correlato, canta “Exilio” [“A
un kilómetro de Francia/ las tormentas comenzarán… / las promesas se hundirán…”]
y se traba con las palabras que siembra y desgaja de su leño el poeta: “…De tu ausencia / de tu encuentro / sigo
huyendo”.
Los poemas de Alberto Caride no
tienen título, solo van numerados.
Por ejemplo, ‘Poema núm. 3’: “para ser ceniza / mejor exiliado viento…”, la Poesía como restos de
la ceniza de lo vivido: “…siento mis versos como hordas bárbaras…”,
“…la ecuación de polvo / y aire, de contracción / y siembra…”

“Somos
el camino
y
su abrigo
y
las velas izadas del marinero”.
Canta Juan Manuel a la primera rima de Bécquer, mientras
Alberto trenza sus palabras poéticas en los intersticios que abre Juan Manuel: “…si pudiera poner mis manos / en las tuyas /
y al oído contártelo a solas…”
Interpreta Juan Manuel el famoso poema de Juan Ramón
Jiménez, “El viaje definitivo”,
“Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
(Y Alberto Caride
desmenuza sus versos entre los de Juan Ramón, dedicados a la ausencia definitiva de Leonard COHEN)
Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico...
Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando”.
(Juan
Ramón Jiménez)
Alberto ha compuesto la influencia, el estremecimiento de un momento estelar
que le impresionó, —como a muchos—, la súperLuna:
“…Volver
puede ser un exilio
como
partir puede ser un encuentro…”
Y aquí se produce un punto de inflexión y cambio de ritmo en
el recital, donde las canciones se aceleran en un lirismo amable y optimista.
“¿Qué tendrá de
austero / ese gesto con que precisas / el momento de volver…?”
“¿Qué tendrá de malo /
esa desazón que invita al cambio?
Y a nacer una vez más”.
Caride
expone su poemario de incendio, ceniza y destrucción, (“…soy la sucesión de una pregunta /
retórica constantemente respondida / en el tiempo”). También de
esperanza: génesis que abrió paso a él mismo y génesis que cierra el círculo
con la aparición de su hijo, que hereda la historia y construirá la suya
propia; en confianza y coherencia con el empleo de la terminología geométrica y
de mecánica celeste: círculos concéntricos, cometas, hielo sucio, gravitación
universal…
“… Y pensar que lo mejor de mí
estaba
en tu vientre blanco…”
(…) Eres
fruto de un instante
de
dos cuerpos unidos en la fascinación…
…lo
que queda tras vaciarse el uno en el otro”.
Humano camino abierto que nace en el presente pleno de esperanza
y de futuro.
Es el punto en que se clausura el círculo, lo canta Juan
Manuel:
“…Arden los mares y los desiertos
y todas
las sombras del mundo;
Arde
la culpa de nuestro deseo.
Esto
es el incendio.
Somos
un incendio sin control…”
Al público asistente le ha gustado.
A mí, también.
Y en la noche amable, de regreso a casa, una mirada a la plaza de santo Domingo.
Ya echaba yo de menos tus comentarios, siempre poéticos - sea cual sea el tema - siempre sensibles y certeros. Buen recital tuvo que ser el de Alberto Caride, tal como lo cuentas. Gracias, como siempre, por hacerlo, y de ese modo tan tuyo.
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