viernes, 17 de marzo de 2017

“El Juglarón”: taller teatral a la luz de las MUJERES

TRECE DAMAS DEL TEATRO: MEMORABLE EXPERIENCIA

     Dedicado a las trece mujeres que se atrevieron a explorar otras vidas: vivir el teatro por dentro sin dejar de ser sí mismas.
     En la esperanza de que les haya sido una buena experiencia y crecimiento personal.
Gracias.

      Entretenido en versos posibles para poemas inacabados y de escenas de historias novelescas cuando, ¡plas!, chocó con un sólido elemento de aristas flexibles y amables, acogedor de proyectos teatrales.

Perdone… andaba distraído… me disculpé por la colisión.
Todo lo contrario: ¡bien hallado!
Entonces, ¿no le he molestado?
¡Qué va!
Tiene usted formas coloridas y cálidas… ¿Puedo preguntar cómo se llama?
DELETREARTES es mi nombre, me respondió elevando la cabeza y su mano con dignidad. —(Aunque en la intimidad me llaman DIANA). 

Y, si no es mucho insistir, ¿a qué se dedica en este espacio?
A todo lo que sea Cultura.
       
—¿También al Teatro?pregunté con timidez.
—¡Claro que sí! Eso no puede faltar.
—Yo es que tengo un proyecto… me arriesgué.

      ¿Lo lleva ahí, en la carpeta?
Sí, pero como observo que usted muestra la marca de la Universidad… Mi proyecto no es universitario.
Acogemos todo lo que merezca atención, sea universitario o no, aseguró DIANA, la responsable de DELETREARTES, solemne y atrayente—. Muéstremelo.
No sé si debo…
Ábralo.  Y hablemos.

       Se presentó el proyecto tras el encuentro con DELETREARTES en aquella mañana de otoño avanzado.

 Pocas semanas después del cultural tropiezo, avisaron de que se podía iniciar a mediados de enero.
     Y que, por tanto, se abría el plazo de inscripciones, para quienes libremente quisieran explorar el mundo de la escena mediante breves historias de humor con sentido social y universal: los cuentos dramáticos de “El Juglarón”, del escritor y poeta León Felipe.

     
  Trece inscripciones y ¡todas de mujeres!

¿Dónde está el ‘problema’?
No, no, en ninguna parte, me apresuré a verificar—. Sin duda ni inconveniente. Es cierto y evidente que las mujeres tienen mayor inquietud cultural. Las cifras y la realidad hablan con determinación.
Seguro que le preocupa cómo se interpretarán los personajes de hombre… estableció con ironía.
No, creo que no habrá inconveniente: porque sería más complicado que un hombre actuara en un personaje de mujer. En general, una mujer puede representar un personaje de hombre sin dificultad.

Bueno, pues 13 mujeres componen el taller. Y solo mujeres.


Mujeres esenciales en la cultura, que convierten este encuentro en un camino para recorrer buscando horizontes, como un fuego que se enciende y que hay que avivar para que no se apague, con oportunidades y propuestas cada vez más arriesgadas; ponerlas en saludable diálogo. 

       Y esto es lo que hay.

      Érase una vez en la ciudad de Murcia, en un atardecer del benévolo invierno murciano, 17 de enero, en el aula de Audiovisuales, nos reunimos trece mujeres y yo, nos presentamos, propiciamos conocimiento y expresión, aclarar temores, búsqueda de certezas…
        Y se explicó el proyecto.

    Un principal objetivo es pasarlo bien: aquí no se viene a sufrir, sino a divertirse, además de conocer y ampliar lo que significa “teatro”.
     Desde luego, no ha sido un tormento, porque nadie ha faltado a las sesiones. Por algo será.
     Y se transitó de una labor de exploración a una actividad artística.
     Para casi todas era su primera experiencia teatral.
      Hay mucha creatividad y ganas, y no solo en las jóvenes, sino en todas las generaciones. Hay una convivencia de voces. La clave reside en la perseverancia, en que confíen en tu trabajo, en que no se den nunca por vencidas.

El filtrodel teatro hizo su efecto.

     



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   No había excusa para descuidar la asistencia, porque interpretar engancha: ponerse en otro lugar y en otra piel, ser otra, explorar otras vidas y circunstancias. Y acumular experiencias y posibilidades de voz y expresión corporal, que estaban dormidas en el interior de cada una, y que ahora afloran cada tarde. También en cada momento que, en la soledad de la casa, se lee y relee el texto para interpretar, o en la conversación con otra de las participantes:

¡Lo que somos capaces de hacer!

    Lo que iba a ser Lectura Dramatizada, teatro leído, derivó en memorizar los textos de seis cuentos dramáticos.

     Dificultades, inquietudes… Superando con trabajo sobre lo que se discutía en el Taller. Hay quienes tomaron la iniciativa y se dispusieron a diseñar ropajes y objetos.

Eso sí, con la recomendación expresa de que objetos solo los imprescindibles. Pues lo importante es el gesto y la voz.
      Los objetos ayudan, pero no sustituyen a ninguna.
     Sustancial y primero son las personas y lo que hacen. El desafío es encontrar la manera de cada cual para contar historias: es arriesgado y excitante. Es una suerte conectar con personas con parecidos gustos e inquietudes artísticas, un motivo para escoger una actividad de este tipo. Preparadas para el recital, para obras de teatro, y con habilidades de pintura, costura y decoración.

      Es primordial trabajar la palabra, el sentido, la mímica: el paso desde la persona a ser personaje, ponerse en lugar de otro, de otra. Y hacerlo creer a quienes miren y observen.
     A los personajes les ocurren en modos posibles estresantes situaciones. Y ellas, las trece damas del teatro, lo viven a través de la fantasía, la imaginación, la ficción.     Existen los personajes y los imaginamos.

          Eso es el teatro.
         El teatro es magia en directo.

    Se propone un viaje interior a las historias y hasta mostrar el cierto temor a representar una obra de cierta envergadura y complejidad. Cada martes, nuevos ejercicios y repaso a lo adquirido: ensayos. Sumando días de trabajo, de dudas, de progresos, de temores… de avances, de confianza, de ilusión y de alegría nuevas y distintas. 
Es lo que proporciona la actividad teatral: le entregas tu tiempo y el teatro te devuelve libertad, goce íntimo y compañerismo. Transforma en buena costumbre para llevar a escena los seis cuentos. Aprovechar la situación personal y la experiencia vital para motivar a las personas a través de algo tan simple como es la palabra.
      Hay un rayo de luz frente al sufrimiento: la ficción nos protege, con su inmenso poder de liberación. En este sentido, la obra es la que posibilita que sigamos adelante.

      Leyeron la obra, la repasaron, la exploraron y les traspasó. Es una buena pieza teatral y cuanto más se sumergían en ella, más les gustaba.  Durante el proceso para la puesta en escena disfrutaron con los títulos de los cuentos.
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      Hay pasajes de la vida normal, humorísticos, a la vez que tiene otras cosas algo tristes o inquietantes. Es que un personaje puede resultar antipático, pero es a la vez subyugante. Ese es el vaivén de la empatía de la persona con el personaje.
Ha sido una experiencia muy poderosa: la recordarán. Porque entender y asimilar los textos lleva odio —“¿a que los estrello contra la pared?”, también amor, por lo que nunca olvidarán la obra.
      

Desde luego. De entrada, para mí era absolutamente necesario encontrar la empatía.
 El proyecto avanza con fortaleza. La convicción y la amistad disipan dudas e inseguridades. Las actividades bien aclaradas son un gran estímulo y refuerzo.

Y se ha convertido en un hecho de teatro de gran y memorable hazaña.
Sesenta días después, el 15 de marzo de 2017, en la hora del mediodía, acuden las entregadas actrices a la sala teatral “Concha Lavella” del campus universitario: hay que ordenar escenario y objetos.
Luego de una breve comida, con la llegada del técnico de luces y sonido, prueba de ocupación de espacios y de ritmo.

Nervios”, risas inquietas y sensibles, repaso una vez y otra a los decorados, a los ropajes… espera intranquila pero, ¡ah!, eso sí: ilusión desbordante. La ilusión todo lo puede.

Se abre la puerta al público, que llena la sala.

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Y comienza la función.
Como toda acción humana: imperfecta. ¡Menos mal!, porque las anécdotas son la sal del teatro aficionado. Y darán mucho que hablar en la celebración posterior al éxito de la representación.

Aplausos incansables y entusiastas: es el premio para las actrices. El mejor y más destacado premio: confirma su entrega y trabajo.


          La palabra “¡ENHORABUENA!” adquiere todo su sentido y significado, porque han descubierto y vivido el placer y el reto de hacer teatro.


Y la función continúa en los trece corazones inundados, los de las trece mujeres descubiertas para el teatro.


      Con el teatro los sueños empiezan y se renuevan cada día:


       “¡Cuentos como sueños 
        y sueños como cuentos!”

2 comentarios:

  1. Mari Carmen Martínez18 de marzo de 2017, 0:08

    Qué extraña sensación cuando un perfecto desconocido se acerca a ti y te felicita. Mola. No se me ocurre otra palabra. Me ha gustado todo: la experiencias, el compañerismo, la amistad surgida de los intereses comunes y el objetivo común, esa sensación de conocernos de siempre ¡y sólo han sido dos meses! Podría decir cien un montón de cosas más pero lo resumiré con un ¡GRACIAS!

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  2. Gran mérito el de esas "trece damas", sin duda, pero, sobre todo, de la persona que ha sabido inocularles el veneno teatral -tan dulce como adictivo- y que ha conseguido que esa magia que es el teatro brote entre ellas. Juan, enhorabuena, porque orquestando dos de las cosas que mejor sabes hacer, la enseñanza y el teatro, has conseguido no solo una digna actuación, sino que surja la amistad y el compañerismo entre esas mujeres, que se hayan sentido y actuado -nunca mejor dicho- como actrices y que, además, lo hayan sabido transmitir al público. Y eso, reconozcámoslo, no lo consigue cualquiera. Me sumo con la mía a las merecidas enhorabuenas que os han dado.

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