"Si supiera
que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría mi manzano" (Martin Luther
King)
Han pasado 200 años desde que, como tal, se observó y describió el síndrome de Parkinson.
Además del deseo racional de vivirlo y que sea en las mejores condiciones,
¿queda algo importante, satisfactorio y bello que se pueda hacer? ¿Algo que contribuya a sentir el valor del
presente y del futuro?
Hace unos días, hubo en Murcia una conferencia-exposición de
la neuróloga e investigadora, la doctora María
Trinidad Herrero, sobre
"Los
beneficios de las terapias no farmacológicas para personas con Parkinson",
tratamientos para mejorar, y que no son, en sí,
medicamentosos. Y que sean compatibles con el sistema médico. Los hay. Deben
seguirse siempre con el conocimiento y participación del Neurólogo.

La situación no se puede apreciar del todo hasta que la familia y los amigos, que lo miran a uno con una mezcla de amor y de vergüenza, sepan, de una manera íntima y absoluta, cómo es la enfermedad.
La doctora Herrero pasó revista a lo que se ha investigado y publicado sobre el tema. Distingue las diferentes épocas, incluso las décadas, que han dado lugar a distintas orientaciones.

Lo expuso con claridad y ágil explicación, lo que
contiene interés indudable. (Los asistentes no tenían prisa en que acabara el
encuentro, que se extendió más de dos horas).
“Lo que un afectado necesita, sobre todo, es que le
entiendan”.
La situación no se puede apreciar del todo hasta que la familia y los amigos, que lo miran a uno con una mezcla de amor y de vergüenza, sepan, de una manera íntima y absoluta, cómo es la enfermedad.

Con su descripción y recomendación de que el estilo de vida
saludable ha de ser de atención central, los afectados por el síndrome (signos
y síntomas), adecuadamente diagnosticados, deben observar:
· Los tratamientos: farmacológico, alimentario, avances tecnológicos, de
productos naturales y de ejercicio físico.
· La confianza en la Ciencia
y en la Investigación
abren caminos y posibilidades de mejora. También, en la prevención. Están en todo
ello. Paciencia activa y esperanza.
· El cuidado y atenciones
de familiares —esencial en las acciones
y actitudes positivas, que debe ser reconocido— y de los profesionales
(fisioterapia, psicología, logopedia…), convenientes para con los afectados.
· El funcionamiento de las Asociaciones
de afectados y familiares, para obtener, intercambiar y aplicar ayuda y
experiencias.
· La más que favorable vida social y de relación; socialización no
solo entre afectados, buscando la normalización de convivencia: presencia ciudadana
pública.
Sin eludir ninguno de los apartados anteriores, además de la
participación de Voluntarios; en el entendimiento —subrayo— de que son
favorables, dignas de alabanza y aplauso, [la “Gala de la Danza”, a beneficio
de “ON-OFF Parkinson Murcia”, recientemente celebrada; y la carrera solidaria “Run for Parkinson’s”, del próximo 30 de abril,
organizada por la Federación Regional de personas afectadas].
Significan un importante y solidario aporte económico y de
difusión de la presencia de la enfermedad.
No puede ser excluyente, y con motivo de la efeméride de los
“200 años de
Parkinson: 1817-2017”, se comparezca y haga público este
“Manifiesto”
Después del
diagnóstico de síndrome de Parkinson, de carácter progresivamente degenerativo,
se reacciona con que la vida tiene plazos concretos y límites de acción. En la lucha
contra esta enfermedad neurodegenerativa, se cuenta con la precisión progresiva
de los diagnósticos, la peregrinación por diversas consultas, las relaciones
con otros enfermos, y la formación y posterior superación de la “estrategia del
avestruz”. Una carcoma que nadie enseña a soportar. Sentimientos que convergen
gradualmente en la inevitable y despiadada realidad. 

Aun así, no es
común el empeño por hacer y alcanzar aquello que nos gusta, que no hicimos. Queda
el deseo de que se pueda. (“¡Carpe diem!”).
Lo que se aplazó
“para
cuando tuviéramos tiempo” pide lugar, días y actitud positiva.
Quizá, de no estar
la enfermedad de por medio, se seguiría retardando, en un proceder desanimado.
No es valentía, pero es algo más que un deseo: el Parkinson
hace mirar al suelo, levantemos la mirada.
Considero que se debe —y se puede— sumar la acción
cultural.

Entiendo que la actividad cultural no es el lazo brillante y llamativo, ni la guinda de ninguna tarta, sino algo tan importante como todo lo demás, con valor en sí misma y al mismo nivel.
Hablamos del desarrollo de una actitud que, si ya la
poseemos, es para vivirla en ampliación y compartiéndola. Si es nueva, hay que
comprobar que contribuye decisivamente a que se alcance bienestar, ejercicio
mental, y que algunas de las nacientes neuronas transporten fluido de
convivencia y solidaridad culturales.
Visto así, puede provocar incertidumbre, prejuicio y algún
recelo.

Se trata del inicio y/o la continuidad de una disposición. Una
ruta y sus prácticas: caminar en el futuro de cada día con sentido natural, (adecuándose
a los límites de cada quien). En el estímulo de la necesaria relación social, la
convivencia y la solidaridad cultural, traspasando el aislamiento.
La acción cultural para afectados de Parkinson, que no se trata de ir a 'estudiar', sin duda no puede ser de otro modo, un proyecto colectivo común con prácticas sociales, que se concreta en:
·
Paseos por la naturaleza, con actividad comentada, en torno a los olores y los
colores.
·
La Música de concierto. Audición.
·
El ritmo y el baile. Contra el movimiento involuntario del Parkinson, el ritmo
y la voluntad de las personas.
·
Visitas a los Museos, programadas y organizadas específicamente.
·
Teatro, —leído y representado—, actividad plástica —pintura, dibujo—, club de
lectura y taller de escritura (escribir como terapia creativa).
Todo ello adecuado tanto al estado y nivel de la afectación
de Parkinson como a la inversión económica, que, programada con solidez, se
puede solicitar y obtener en ayudas concretas para estas actividades, de entidades públicas y privadas.
Un afectado de
Parkinson escribió que:
“Mi experiencia inicial
de la enfermedad fue la observación de una serie de señales sin aparente
relación de unas con otras. Pensé que lo primero era controlarla, mediante
forma de una narración. En las situaciones difíciles siempre inventamos
relatos. La narración -contarlo- parece ser una reacción natural a la
enfermedad, contra el dolor y el aislamiento. La escritura es un contrapunto de
la enfermedad.
Se la humaniza, se le quita la máscara: es el
comienzo de la batalla. Es un desacierto permitir que la enfermedad se adueñe
del cuerpo porque, en ese caso, es el síndrome de Parkinson quien marca los
tiempos y decide qué hacer y cuándo. Impone una forma que no podemos comprender
y que nos impide reaccionar. Por lo que hemos de ser capaces de elegir, de
hacerla nuestra y así poner nuestras condiciones, cada día, sin desmayo. Es
imprescindible mantener una actitud positiva: no rendirse, o estás perdido
porque si te abandonas en sus manos, o crees que haces un pacto, nos
equivocamos: porque desde su posición de dominio impone sus condiciones; sólo
cabe afrontarla”.
Mientras los demás saltan y ríen, ocultarse para soportar la
diferencia de no poder seguir el ritmo de los demás. Llega la soledad, efecto
de esta enfermedad que acompaña a la vez que aparta del resto de la Humanidad. Sin
saber que se está enfermo, no se entiende el derrumbe. Instinto vital que debe
de estar en mal estado para afrontar cotidianas cargas, preocupaciones y
privaciones.
El goce del espectáculo de la vida se hace desde una buena
butaca. Pasa el tiempo y ocurren cosas: comprobamos que las butacas no son tan
buenas. Y llegamos a ser espectadores difíciles de contentar.
Sinceridad que tropieza
con algo así como malestar, tan común entre los afectados —pacientes y familiares—: la sensación de no haber hecho lo suficiente para impedir el hecho ya
innegable. Los afectados de síndrome de Parkinson sufrimos desgaste físico,
aunque el camino hacia la decadencia del conocimiento es más lento: somos
conscientes de todo. Aceptamos lo que pasa para comprender el presente y el
futuro. Es la ironía que resta
gravedad: parece que hablar abiertamente aleja la inestabilidad.
Un tinte melodramático, ante un presente difícilmente soportable. Aunque hemos de alegrarnos de la suerte de seguir soñando: se sueña lo que no se puede conseguir, como forma de combatir el cansancio de los días que pasan, y caminar con tono vitalista, alegre y hasta irónico.
Salir de este círculo solo es posible mediante una reacción
individual y colectiva, que no egoísta. Superación de la pereza —que no es tal,
sino la lentitud propia y síntoma—, con valentía y esfuerzo, que nos hacen más
humanos, alcanzar cada día, en cada encuentro, que por los huecos entre alguna
luz. Lucha física y contacto con quienes superan con su esfuerzo metas iguales
y mayores. Conocer y compartir tanto el dolor de los otros como la esperanza y
la acción.
Nadie dijo que sea y resulte fácil. Es una labor dura, pero hermosa y reveladora. Es la vocación
de supervivencia. Es una forma diferente de asociarse, porque los fines son distintos.
En cualquier
caso, las razones para intentar otras opciones son las mismas que para vivir.
Depende de la predisposición. Aquejados por una enfermedad degenerativa y, hoy,
incurable, escogemos seguir viviendo porque mantenemos la esperanza y, por
tanto, en la calidad de vida personal y colectiva.
Porque en las
personas afectadas se mantiene la lucidez y serenidad ante el decaimiento, que
no sea haga tarde para el goce, individual y compartido, -pasarlo bien, si se puede y si se quiere-, de la sabiduría y la
belleza.
Voluntad contra la renuncia
y la soledad: sumemos esfuerzos y ánimo. Por la Cultura
Creo que la manifestación más evidente de cómo asimilar y aprender a vivir con el Parkinson, a través de la práctica cultural y la sociabilidad eres, amigo Juan, tú mismo. Con valentía, optimismo y buen ánimo ( el malo te lo has guardado para ti solito) asistes a conciertos y conferencias, participas en recitales, escribes relatos, poemas, crónicas y obras teatrales, diriges un grupo, nos haces partícipes de las pequeñas y grandes cosas que jalonan la vida. Incluso haces viaje, de los que también nos das cumplida noticia. Seguramente me dejo algo, pero me parece absolutamente encomiable, y digna de imitación, esa actitud tuya con la que has afrontado la enfermedad. Lo leí una vez en una entrevista a Serrat, cuando le detectaron un cáncer ( y ahí sigue) : "En la vida no es lo que nos pasa, sino cómo lo afrontamos". Y de ti, desde luego, bien que puede decirse que predicas con el ejemplo: la cultura en todas sus manifestaciones, y saberla transmitir de múltiples formas ( no olvidemos las magníficas imágenes que acompañan siempre tus textos) es tu gran aliada. Y tú, como digo al principio, un ejemplo viviente y activo de cómo hay que reaccionar cuando le cae a uno encima una enfermedad de ese tipo. Porque tu mente, siempre tan potente, estará pasos por delante de ella y nunca se dejará alcanzar. Mucho ánimo, que sé que lo tienes, aunque a veces decaiga como es natural, y adelante. ¿ A dónde el próximo viaje? ¿Para cuándo el estreno del homenaje a Gloria Fuertes que estás dirigiendo? ¿ Y el fallo de ese concurso en el que has participado? ¿Nos vemos en la próxima exposición? ¿Cuál será el tema de la próxima entrada del blog? Menuda vitalidad hace falta para seguir tu ritmo...
ResponderEliminarSí, tienes razón en todo, y ¡sobre todo en la última frase! Juan, esta entrada habla mucho de tu calidad humana, y sé que no te gustará que te diga que eres un ejemplo, pero lo eres...
Eliminar