Con el título de “Obras incompletas de
Gloria
Fuertes”, se conmemora el centenario de su nacimiento.
Se clausura de acuerdo con el calendario y el programa.
El Club retornará a su actividad, probablemente, el último martes de septiembre…
—¿Cómo que… probablemente? —pregunta
con irónico escepticismo una señora, en esta espesa tarde.
—Los encuentros de Cultura se sujetan a la
disponibilidad de especialistas y estudiosos: lo habitual es que acudan y se
celebren.
—Entonces, ¿dónde está la
cuestión?
—En el excesivo calor. Gracias a la
tecnología del frío: ¡aquí estamos! —con aire frío en el Hemiciclo
que se abre a la frescura de la poesía de Gloria Fuertes.
—Sí, el calor, tema recurrente. Y más aún,
que en “Murcia es donde vive el Sol”,
—comenta otra chica.
—¡Ah, ya! Claro, si esto sigue así, que se
emprenda en octubre.
En la tarde del último martes de junio, calor intenso, humedad y agobio, los termómetros informan de 39ºC; el vientecillo es cálido y seca hasta los ojos.
Presenta el acto la Coordinadora de Cultura de la UMU, Diana de Paco.
Hace un recorrido por lo que ha sido la actividad del Club
de Lectura en los seis meses del presente año. Autores y obras. Y destaca que
los asistentes vienen “leídos” de casa; es decir que acuden, en cada ocasión,
con el fundamento de la lectura previa.
Ahora, el paréntesis veraniego.
Continúa con la introducción de quien se declara lector
apasionado de la obra de Gloria Fuertes: el Dr. don Antonio Díez
Mediavila, del que, además de su extenso currículum académico, subraya
que el título de ‘Doctor’ lo obtuvo en esta Universidad de Murcia.

Comienza el conferenciante con la pregunta de “¿Quién es
Gloria Fuertes? Y a la que responde con la lectura de un poema autobiográfico:
a
los dos días de edad,
pues
fue muy laborioso el parto de mi madre
que
si se descuida muere por vivirme.
A
los tres años ya sabía leer
y
a los seis ya sabía mis labores.
Yo
era buena y delgada,
alta
y algo enferma.
A
los nueve años me pilló un carro
y
a los catorce me pilló la guerra;
A
los quince se murió mi madre,
se
fue cuando más falta me hacía.
Aprendí
a regatear en las tiendas
y
a ir a los pueblos por zanahorias.
Por
entonces empecé con los amores,
-no
digo nombres-,
gracias
a eso, pude sobrellevar
mi
juventud de barrio.
Quise
ir a la guerra, para pararla,
pero
me detuvieron a mitad del camino.
Luego
me salió una oficina,
donde
trabajo como si fuera tonta,
—pero
Dios y el botones saben que no lo soy—.
Escribo
por las noches
y
voy al campo mucho.
Todos
los míos han muerto hace años
y
estoy más sola que yo misma.
—”¿Por qué, cien años desde su nacimiento,
recordamos a Gloria Fuertes?”,
—siembra el aire con su pregunta el disertante. Y abre una vía al diálogo con
los asistentes: “Porque
su obra es una proyección real de su imagen”.
Hay poetas a quienes se les denomina “de verso suelto” y
luego está Gloria Fuertes, querida y denostada, famosa y desconocida. Poesía
distinta, rompedora, fuera de las corrientes (“Gloria es Gloria”).
La autora rememorada es “poeta de cabecera”, (En 1968
publicó “Poeta de guardia”), para ser leída de forma constante pero no
continua.

Gloria Fuertes escribió
siempre, ante cualquier eventualidad y circunstancia, pues siente la necesidad inexcusable
de decir. Escribía a borbotones, en cualquier lugar.
La autora
vendió bastante bien sus libros, (y aún se venden), y se la conoce más por su
literatura infantil y juvenil: es lo que le dio de comer y le posibilitó vivir
con holgura y comodidad, en un viaje con el que saltó de la miseria al éxito,
desde «una niñez de suburbio con hambre por los lados». Humilde, solitaria, con
hondo sentido del dolor de la vida, Gloria tenía un lado ingenuo (o que podía
parecerlo) que le hizo una gran autora de literatura infantil. Escribió para
niños, pero se dio cuenta de que la apartó de su vertiente principal de poeta
grande.
Su interés residía en la poesía “para
adultos”. Con las características de la ingenuidad y la palabra cotidiana, poeta
de la difícil facilidad.
Díez Mediavila ha considerado que hay que señalar la
relación de Gloria Fuertes con
· El Amor,
con su decantación homosexual, (“Ciencias Naturales meditacionales”),
en soledad, en la dicotomía de los extremos. Y su condición de soledad, “Isla
ignorada”, Gloria es esa isla.
· con Dios y
la religión: una relación sui géneris. Lee el poema “Oración para ir tirando”.
· con la Paz,
Gloria escribió una poesía muy propia (con las rimas de la ironía), con guiños
especiales para sobrevivir.
Díez Mediavila lee los poemas como aproximación a
la autora, de quien destaca su decisión por la paz, pacifista a fuer de vivirlo
y escribir.
Concluye su recorrido con el poema de Gloria Fuertes: “Tengo
que deciros”.
El coloquio es animado, además de las incursiones de quienes
conocen la obra de Gloria, y a quienes responde Díez Mediavila con más poemas y
situaciones anecdóticas.
Y claro, no podía faltar la polémica presente en estos días.
Como lo
publicado por el escritor Javier Marías (“Francamente, me
resulta imposible suscribir que Gloria Fuertes fuese una grandísima poeta a la
que debemos tomar muy en serio”) el 25 de junio en El País
Semanal, en donde acusa de que, con ocasión de su centenario, sufrimos una
campaña orquestada para encumbrar a Gloria Fuertes.
Y se ha sumado
tanto el escritor Pérez Reverte y como el periodista Juan Cruz, entre otros, quienes,
seguramente, de haber algo así como “Instituto del Arte Poética”, pertenecerían
a él como miembros activos para el otorgamiento del “Certificado de calidad y
excelsitud poética”, del que excluyen a Gloria Fuertes y a otros muchos.
Hay quienes siguen creyendo en la vigencia literaria de Gloria Fuertes, como Teatralia, Festival Internacional para niños y jóvenes, en Madrid, este año, con un particular homenaje a Gloria Fuertes.
La polémica y la diversidad forman parte de la sociedad y la
riqueza dialogante. Y contribuye a hacer visible el centenario del que
tratamos: el de Gloria Fuerte.
Se cierra temporalmente el Club de
Lectura Deletreartes:
—“Volvemos enseguida”.