Han pasado veinte días desde su inauguración y apertura: “Las Costuras”, en la Universidad de Murcia.
Decena y media de oportunidades en días aguarda aún al
visitante, interesado o simplemente curioso. En su sencillez habita la interesante
complejidad donde confluye la creatividad, la cultura y las instituciones.
In parva
spatium magnum sensum et animam verberat
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[“En pequeño espacio late el alma con magno sentido”]
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El espacio dedicado a “Las Costuras de Deletreartes” es pequeño en el icónico edificio universitario de “Convalecencia”, —sede del Rectorado—.
Supone mucho, como significado y símbolo.
Se ha acogido a un vigoroso árbol germinado y en
crecimiento, para la expansión y la convivencia con el Diseño-Moda, incardinado en la
Universidad.

y Leticia Varó, comisaria de la exposición y responsable del proyecto "Costuras",
(de quien confiamos y esperamos nuevos proyectos innovadores en su constante línea de aciertos en Moda y Arte), que mantiene encendida la llama de este trayecto difícil pero ilusionante.
Ambas, Diana y Leticia, radiantes, ante la presencia implicada de los/las creativos/as diseñadores/as, y la complicidad alegre de los asistentes,
Eso fue hace ya veinte días, desde que está abierta la
exposición.

Más que una sensación… es un referente.
Como, cuando acabada la clase y la jornada docente, cuando
éramos alumnos, o profesor y, por algún olvido o comprobación, debía regresar al
aula, ya vacía, en la que se escucha la reverberación de los pasos…
En el último día de mayo, cuando aún restan catorce días
para la clausura, esta visita al espacio de “Las Costuras de Deletreartes”
se hace en un silencio reflexivo, apenas quebrado por las voces en consulta de
trabajo o aguardando para salir al descanso con café de la media mañana; y
taconeo de los funcionarios del edificio universitario.
Y ¿qué significado puede tener que vestidos femeninos de
diseño ocupen un espacio en un edificio universitario, con todo derecho?


De la gran literatura, del relato, del poema o del
drama teatral emana, más allá del argumento, la creatividad. No acertamos a
describir lo que es, pero cambia la vida. Un hecho que acaba
convirtiéndose en otra cosa. La memoria, la sensibilidad, la capacidad
de emocionarse aprehenden su importancia.
Si la alegoría es pieza, fragmento o retazo por el que se recompone
y se reanuda el nuevo conjunto, aquí, esta exposición contiene el sentido, al
igual que hacen los jardineros —vista su labor al paso, a la ida y a la vuelta—
que plantaban y reponían flores nuevas y frescas en los jardines ancestrales de
La Glorieta.
Vestidos y zapatos con inspiración en reconocidos textos
literarios. Ya, con ello, es suficiente para esta convivencia, se acercan de
manera radical.
Es el sentido alegórico del Diseño-Moda, su vocación en
el capitolio del monumento de ‘Convalecencia’. Admiramos lo que no podemos hacer
en la vida cotidiana. La imaginación creadora de una historia que concluye en
un vestido femenino, que escribe con tela e hilos, puede ser o no ser suficiente
para hablar de Arte. Por eso se agrega la belleza.

La perspectiva posible es la relación del presente. Resulta
extraordinario que, en el imperio de la cultura visual, tenga cabida el interés
por las formas de representación del Arte. En las propuestas, las instituciones, los
avances, los objetos y los edificios se influyen; y las personas admiten y
asimilan los cambios y las novedades, como progreso y mejora.
Y eso propicia “Las Costuras de Deletreartes”.
Como decía Oscar Wilde:
“La vida imita al arte mucho
más que el arte imita a la vida”. Que las Costuras, las de moda y
creatividad, “invadan” y ocupen pacíficamente un espacio merecido es una alegoría
para la simbiosis: otro árbol plantado en el huerto del Saber y la Cultura.
La
muestra deja ver algunas obras de carácter no comercial, color de flores e
imágenes.
(Edificio de la Convalecencia. Paseo del Teniente Flomesta,
5. Murcia).
Una vez más, dándonos fe - y vida - de la cultura en sus más variadas manifestaciones y relaciones. En esta ocasión, moda y literatura. Magnífica y sugerente simbiosis. Realizada, además, en un espacio de solera y enjundia cultural como es el Rectorado. Y tú, ahí, instándonos sutilmente a quienes te leemos a que no dejemos de visitarla los días que faltan para que la clausuren. Por entusiasmo en esta crónica o reseña no será, desde luego.
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