Noche de los MUSEOS
Arte en Diálogo
Es sábado de mayo
mediado y hace calor, aunque ya son más de las ocho de la tarde. Dos niñas,
compañeras de colegio y amigas, caminan hacia el Museo. A un paso detrás camina
atento el abuelo que, de vez en vez, les indica, más bien les recuerda lo de
los semáforos, o que hay que ceder el paso en la acera a personas mayores. El
abuelo suele ser el encargado de llevarlas cada sábado para las actividades que
el Museo programa para niños.
Aunque hoy se les observa
impaciencia por llegar. Caminan inquietas con risas nerviosas, pues es la
primera vez que, a estas horas, vienen aquí. Y porque les han advertido que hoy
es un día especial en el Museo
Las niñas, Anaïs y Paula, de siete años cumplidos ambas, han aprendido en el colegio
que, en los alrededores del 18 de mayo,
día de referencia, los Museos abren un día de forma distinta a los demás.
También lo han escuchado
del abuelo, Antonio, quien les comenta que los Museos abren sus puertas en este
día, sábado 16, con gran impulso, iluminan sus salas, tienen un programa
especial y esperan la presencia y participación de muchos ciudadanos.
A Anaïs, en su aula, la llaman “la
Van Gogh”, por un comentario repetido que hizo la maestra ante su forma de
pintar y de elegir los colores. A Anaïs no le importa que la llamen así, entre
otras cosas porque se siente distinguida y admirada.
Paula tiene inclinación apasionada por el dibujo. Habitualmente,
y para la actividad en clase, debe hacerlo en papel, pero le gusta más con el
ordenador, del que ha aprendido algunas técnicas. Esta chica también es
admirada entre los compañeros del aula por sus dibujos tan llamativos.
Ambas, de vez en cuando,
escriben relatos inventados, a los que luego añaden un dibujo. También están
aprendiendo la técnica del diálogo teatral: escribir el nombre del personaje y,
a continuación, lo que dice. Sus inquietudes quedan así, por escrito:
ANAÏS.-
Abuelo, ¿por qué hay tanto jaleo hoy en el Museo?
ABUELO.-
Es que hoy es el “Día Internacional de los Museos”
y se están preparando muchas actividades para celebrarlo.
PAULA.-
Sí, mi padre también me lo ha dicho. Y que dura hasta por la noche.
ANAÏS.-
La maestra dijo ayer que vienen al Museo músicos, escritores, pintores… mucha
gente importante.
ABUELO.-
Es la fiesta del Museo, y acuden personas que hacen actividades artísticas
diferentes. Y todos colaboran. Aunque mi forma de hablar os resulte extraña, a
este día le llamo “Tiempo de Arte
en diálogo”.
PAULA.- ¿Por qué lo llamas así, Antonio? Yo
diría que venimos al museo, porque han preparado cosas nuevas. Ya está.
ABUELO.- Pero no creo que os moleste que se
llame así a un día tan especial.
ANAÏS.- Es que no entiendo esa frase de “Arte y diálogo”, abuelo.
ABUELO.-
A ver si me explico. Hoy las visitas guiadas para ver las obras de arte que hay
en el museo, cuentan con la presencia y participación de músicos, actores, escritores,
poetas, que tienen una conversación artística con los cuadros y comparten el espacio
y el tiempo en el Museo con música, teatro, tecnologías audiovisuales, poesía,
literatura… Comienza ahora, en la tarde, y se prolonga hasta la madrugada.
PAULA.- No entiendo muy bien lo que dices, pero
debe de ser importante. La maestra también nos habló de eso. Y hemos querido
venir a verlo.
ANAÏS.- Y, sobre todo, para pasárnoslo bien.
ABUELO.- Así va a ser, con gusto. Ya está
llegando gente. A ver si está preparado nuestro grupo de visita guiada.
Anaïs y Paula, una vez dentro del Museo, se desentienden del abuelo que,
no obstante, sigue con su atención y cuidado sobre ellas.
Las niñas quieren vivirlo como una aventura.
Se acercan a un grupo de
personas que muestran algo singular y distinto. Unos van vestidos de negro,
otros con atuendo colorido, otros llevan instrumentos musicales, libros, alguna
bolsa…
- Y ¿por qué este tiene que ser un momento de concentración en
el Arte?, -pregunta una señora que porta un libro abierto en su mitad, más o menos.
- Es una llamada sonora, como si convocara la campana del
tiempo, para pasear cerca del Arte en la noche festiva, -explica un elegante
joven, que exhibe en su mano derecha una rama dorada y en su izquierda una
llave.
- ¿Alguien me puede
decir dónde me sitúo?, -pregunta una joven recién llegada, con su violonchelo.
- Usted debe ser… - dice el joven de la vara amarilla, con duda
casi resuelta-. Pase, pase… que aquí hace calor. Entremos. Usted también,
señora…, la del Libro.
- Me llamo ARMONÍA,
-dice la joven del violonchelo mientras blande el arco y parece que dibuja su
nombre en el aire-. Vengo a actuar aquí, -asevera la joven con una sonrisa.
- Y yo, IRIS me
llamo. Mi vida son los libros. Los que encauzan en lo que se conoce como ‘Literatura’. Estoy para hablar de libros que contienen
historias en torno al Arte y a los museos.
- Soy Apolo, -afirma
el gallardo joven-, responsable de reunirles aquí. Quedo a su disposición.
Enseguida estarán dispuestas las salas de este museo y se mostrarán
todas las obras, hoy brillan destacadas.
- Y por qué llevas esa rama? ¿Es para varear a quien no se porte
bien? –pregunta Armonía.
Lo de ‘La rama dorada’ se explica porque, hoy en el museo, tiene especial
importancia la mitología y la religión.
Y pretendemos mostrar los elementos comunes de las creencias religiosas,
que van desde las antiguas creencias hasta el cristianismo. En esa obra se
escribe con
Y las llaves, no son las de san Pedro, sino
el símbolo de que todo está abierto al público que tenga a bien venir.
- ¡Buenas tardes! ¡Qué
calor…! -manifiesta el recién llegado, entrado en años y algo cargado de
espalda, de rostro decorado en vivos colores, en el que resaltan pómulos rojos,
párpados en azul intenso y las cejas en blanco, y el cabello pintado en
diversos colores.
- Entre aquí, venga… -le propone Apolo-, resguárdese. Estábamos hablando de...
- …que esta noche reunidos en la casa de Apolo, dios de los Museos, hablaremos juntos, -dice la señora del
libro, Iris-. Y usted debe de ser…
- ¡TESPIS! Ese soy
yo, el del carro en el Teatro –hace un reverencia
exagerada-. Ilusionado hasta la excitación por actuar en este escenario de
piedras labradas, cuadros y esculturas.
- ¿Tan importantes son los nombres? -pregunta un espectador.
- Lo son cuando nombran lo diferente, -responde Iris-. Lo que
no se nombra puede que no exista.
- ¡Qué bien está esto! Cada vez somos más. Hay motivos y días
para entretejernos, -afirma la joven Armonía-.
Mis compañeros violín y viola, y el de la percusión están al llegar.
Ensayaremos un poco, para tomar el pulso a la acústica de Apolo, digo… del Museo.
- ¡Qué dices, oye…! Que mi pulso está bien. Puede que un tanto
emocionado, por vosotros y por los visitantes que vendrán, pero estoy bien.
- No te piques, Apolo.
Sólo es que hemos de probar cómo suenan los instrumentos, tanto dentro de la
salas, como afuera, en los espacios abiertos. Pero, bueno, eso no impide
probarte, guapo.
- Me gusta lo que dices, Armonía.
Entiendo tu efervescencia musical para que suene bien. Te ruego tranquilidad, todo
viene por la responsabilidad de este día. Todo va a salir bien, -asegura Apolo.
- …en el que la presencia de los ciudadanos a horas
inhabituales hace que la visita cultural sea también un hecho social,
-interviene Tespis, mientras extrae
de una caja ropas vistosas y complementos para su representación teatral.
- Hoy es fiesta: estamos abiertos de día y de noche, es lo excepcional,
-dice Apolo.
- ¡Perdón… perdón! Llego tarde, lo sé, -declara una jadeante
mujer, joven y agraciada, que apoya pergaminos enrollados en su regazo-.
Viniendo hacia acá me he encontrado con este muchacho fascinante, TECHNO se llama.
- ¡Bienvenidos! –dice Apolo
-, creo que ya estamos todos.
- ¡SAFO, chica, por fin! Me tenías preocupada, –dice la señora del
libro, Iris llamada.
- Cámara, móvil, vídeo… Vienes preparado, Techno.
- Bueno,… lo básico. Se puede aportar más, –dice Techno-, pues lo más complejo es
organizar un museo.
- ¡Me embelesa la tecnología! –exclama la recién aparecida, Safo, a quien se le caen los
pergaminos-. Pero también es cierto que los artefactos tecnológicos ejercen su tiranía.
- Ya hablaremos de eso, quizá en otra ocasión, Safo. Ahora toca que este apolíneo
joven nos explique, aparte de ‘La rama dorada’ y
las llaves, qué pasa en un museo.
- Gracias por lo que me dice. Y le indico dos cosas que hacer: conservar
obras de arte y educar al público. Ese es el sentido del museo, -dice Apolo-. Hoy mostramos las obras y hablamos
con el público. Cumplimos nuestras funciones.
- Esa es la naturaleza de los museos, -añade Iris-, cuadros y esculturas irradiando
Arte. Una semejanza con la actividad de la Biblioteca, que conserva y ofrece
libros, para que su lectura cultive la mente y ensanche la sensibilidad.
- ¿Puedo ver este manuscrito, Safo? -pregunta Tespis, que se ha inclinado y ha recogido un rollo.
- Sí, claro, -responde Safo-, y puedes leerlo, si quieres.
- Lo haré, en voz alta, si no te importa. –Safo, la autora
poeta, asiente. Iris sonríe.
El movimiento crea un revuelo de expectación.
Se acercan más visitantes, y forman un silencioso círculo alrededor. Armonía pasa el arco por las cuerdas de
su instrumento. Suenan música y palabra declamada.
Elevas la mirada,
escéptica y admirada.
Has leído las palabras
y no están en el papel.
Las reconoces.
Admirado
regresas al libro
y comparas.
Lo entiendes.
Se ha vertido frases
en los dos vasos.
Vuelves
a leer en el cristal,
y aceptas
que los relatos
no sólo se escriben
ya sobre papel.
No hay pluma.
Sin tinta
los dedos
teclean historias.
Y el pergamino,
residencia del aura,
es pentagrama
del canto de la alondra.
Suenan aplausos que desvían el silencio.
Felicitan a Safo por haberlo escrito y a Tespis por recitarlo.
- Escrito queda, SAFO, para que las palabras acaricien el aire
y esperen el alba, -detalla Tespis.
- Has iniciado el camino de la noche con la Poesía,
-indica Safo-. La música y las palabras expanden la luz entre los cuadros y
sobre las nobles piedras de esta morada del Arte.
Un murmullo de aprobación y
agrado se extiende entre le cada vez más numeroso público. Las dos niñas, al
otro lado del abuelo, repasan las palabras de Safo.
- Que vivan las palabras en los espacios donde pintores y
escultores, poetas y narradores, músicos y danzantes puedan mostrar sus creaciones.
Incluso la Gastronomía y la Moda acceden y se amparan en el museo. -señala
Apolo.
- Hacemos falta todos; aquí no sobra nadie. Y aún más en
tiempos de crisis, -apoya Iris.
- Museos, originarios de la Ilustración, sus atributos
primordiales son la colección de obras de arte, materiales y simbólicas. Y el
gusto del público, -explica Apolo.
- ¡Que siga la Música! –alegres vocean los recién llegados
músicos que faltaban.
Afinan en acorde con Armonía. Suena una cantata
de Bach sólo para instrumentos de cuerda.
Iris alza su voz:
“San Miguel bajó el brazo, levantó el asta de
su lanzón horizontalmente con sus dos manos, como para coger equilibrio y, de
un salto, ganó el suelo del Museo. Los fierros de la armadura sonaron ruidosos
en la cálida noche agosteña. Se levantó y, tras apoyar la pértiga en el muro,
recompuso coraza, guardabrazos, quijotes y grebas, retomando la apostura
debida.
Volvió la cabeza y comprobó que el monstruo del
diablo seguía inerme aún, dentro del cuadro, en la parte baja, aplastado. El
satánico endriago estaba vencido definitivamente. Agarró marcial su arma,
enderezó la vista y se dispuso a caminar galería adelante, hacia la entrada,
que operaba como distribuidor de las dos salas laterales de la planta baja del
Museo”. (*)
(*) [Texto extraído del cuento dramático “Noche de duelo a espada en La Trinidad”,
de Santiago Delgado].
- Relato que describe con palabras firmes, tras
la lucha, la situación de personajes de cuadros en el museo, -señala Tespis.
ANAÏS.- Y, ahora ¿qué me dices de la lucha a
espada entre el Arcángel y el Demonio?
PAULA.- Pues cuando se estaban preparando para
luchar, creí que iba a sentir miedo. Pero no, luego lo he visto como es, y
hasta me ha hecho gracia el Demonio, …cómo se llama… Metisoles…
ANAÏS.- ¡Mefistófeles! Me lo he aprendido cuando estaban explicando el cuadro de las cruces de las espadas y el Demonio enfadado.
PAULA.- Tu abuelo también se ha reído. Pero,
sssssst, que hablan por ahí otra vez.
- Todos sabemos de relatos ambientados en museos, que luego ha
sido llevados a la pantalla, -señala Techno.
- Como también la música dedicada a cuadros, -dice Armonía-,
por ejemplo, “Cuadros de una
exposición”, de Mussorgsky.
(Se
puede ver/escuchar esta música en
- Cuando se comienza un cuadro no se sabe lo que saldrá. Decía
Picasso que “si lo supiera no me tomaría
el trabajo de pintarlo”. Una obra de arte es una exploración hacia lo
desconocido, - cita Apolo.
- Y cuando esta experiencia de hoy, donde se integran las Artes
en la experiencia del diálogo, se enriquecen unas a otras, - manifiesta Safo-.
La experiencia necesita de la memoria: las creaciones del pasado viven en el
presente y lo iluminan.
- Y para ello están los museos, -asegura Techno-. Sus
colecciones de cuadros, esculturas, fotografías y vídeos posibilitan el acceso
a las obras de arte acercándose a la sabiduría, imaginación y emoción que el
artista y la historia han acumulado a lo largo de los siglos, en un enlace de
pasado y futuro.
- Eso y mucho más contiene un museo. Y hay que difundirlo. Por
eso se programan días y noches como la de hoy, -explica Apolo.
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- El Arte tiene que promoverse desde la infancia, desde los
colegios. Que cuadros, notas musicales, palabras y tecnología encuentren
acogida, en la mente de las personas y mueva sus actos, -proclama Tespis.
PAULA.- ¿Tú entiendes algo de
lo que dicen? Es que yo no. Vaya, que no me entero. Dicen algo del colegio. Que
hay que hacer más arte o algo así.
ANAÏS.- No entiendo todo lo
que dicen, aunque algo pillo. Creo que están hablando de que en los museos
tiene que haber más actividades que las de mirar los cuadros. Y que podemos
venir con el móvil y la Tablet.
PAULA.- Me gusta eso. Ya lo
que digan, si no lo entiendo… no sé qué decir. ¿Te aburres?
ANAÏS.- ¡Qué va! Me lo estoy
pasando muy bien. Date cuenta que mi abuelo nos mira y sabe que estamos bien.
Si nos viera aburridas, ya nos estaría diciendo si nos vamos o qué.
PAULA.- Pues a mí gusta
estar, así, tan tarde, de noche, en el Museo. Parece como si las cosas se
hicieran mágicas.
Los dialogantes de las
Artes siguen en su conversación, que interrumpen cuando se inicia una
actuación.
- El museo es a la vez una realidad y una metáfora, donde las
Artes se encuentran y dialogan. El arte no sale de la nada, es como un árbol que
en ramas distintas muestra apetitosos y diferentes frutos, - suscribe Armonía,
con un arpegio suave.
- Museos, lugares magnéticos, que atraigan por las obras de los
artistas en sus salas y por la realidad de diálogo entre las diferentes Artes,
que contribuirá al reconocimiento artístico, que tanto se hace esperar, - apoya
Iris.
- Los pintores, por ejemplo, son conocedores y amantes de la
pintura, del arte y de la literatura. Leyendo
libros sobre arte, y como asiduos visitantes de museos, se transforman en
expertos, tanto de la pintura contemporánea como de la clásica: la receta es inspiración
y aprendizaje, asegura Apolo.
- El museo es un lugar idóneo para exhibir, gozar y estudiar la
colección de cuadros que posee y adquiere a lo largo de su vida, entrar en su
imagen con las nuevas tecnologías, -comenta Techno.
- Hay que continuar con el halo de modernidad, -declara
Armonía.
El tiempo, inflexible, pasa. Son casi las dos
de la madrugada.
Se ha hablado de que, frente a tanto panorama en el que
el Arte está en su propia crisis, no conviene que tome distancia de los
problemas del mundo. Hay que estar.
Y el Arte ha de aportar que conoce lo
que pasa en la sociedad, sin miedo ni excusa, en la muchedumbre que pasa horas
de televisión y de teléfono móvil.
Y los artistas ¿qué opinan?
Habrá
que convocarles con un programa específico, pues la crisis, económica y de
valores, ha alejado del proyecto al artista. Con ideas y muestra de
diferencias, en un diálogo abierto y constructivo. Personas de nuestro tiempo,
con los problemas éticos, morales, políticos y artísticos de hoy. Hay que iniciar
la búsqueda constante de la verdad en la obra de arte.
Las
niñas se disponen a volver a casa. Se nota en la calle que es noche de fiesta:
hay mucha gente y los lugares están animados.
ANAÏS.- Abuelo, ¡qué bien! De noche y
aún estamos aquí.
ABUELO.- Pues tu padre, y el de Paula,
me han llamado ya varias veces, preguntando si estáis bien y a qué hora volvemos.
PAULA.- ¿Nos vamos ya?
ABUELO.- Sí, nos vamos ya.
ANAÏS.- ¿Volveremos el año que viene,
abuelo?
ABUELO.- Puede que sí. Pero hemos de pensar
en salir por rutas donde veamos varios museos.
PAULA.- ¡Qué bueno!
ANAÏS.- Falta mucho para el año que
viene.
ABUELO.- Sí, falta todo un año. Pero
llegará. Y saldremos a vivir la noche de los Museos.
Se van despidiendo de quienes se cruzan
a su paso mientras alcanzan la calle. Y se les nota contentas, despiertas y
llenas de energía, caminan de regreso a casa.
Hay quienes tienen costumbre de visitar
los Museos a lo largo del año. Pero no dejan de salir esta noche, porque la
ciudad tiene un ambiente especial y agradable.
Por eso, en última instancia, si no vas a museo alguno, pasea y mira.
O si tienes posibilidad y ocasión, la “Noche de los Museos” en Cartagena tiene una oferta muy importante, interesante y
agradable.
Larga vida a los Museos y sus celebraciones.
Murcia, mayo 2015.
Homenaje al arte y los museos. Y al diálogo, tan necesario. Un abrazo. JM
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