EL VINO, PROTAGONISTA
Según la tradición bíblica, desde
que muchos siglos antes de Cristo, Noé volvió con el arca y tuvo que cultivar
los campos, se conoce este caldo y sus efectos. De uno de sus frutos obtuvo el
zumo de uva, que dejó reposar y bebió pasados unos días. Las consecuencias,
tras tomar aquel líquido agradable y de extraño dulzor, fueron de alegre
embriaguez, éxtasis y profundo sueño.
Desde entonces, en torno a lo
que se conoce y llamamos “vino”, se perpetuaron las prácticas, mejorando sus
métodos y resultados.
Los seres humanos han sentido
un respeto reverencial por el vino, y tratan continuamente de acrisolar sus
variedades, según las condiciones ambientales, de la tierra de donde proceden y
para los diferentes paladares.
La diversidad de paisajes, rincones y ambientes,
convierten a Galicia en uno de los principales reclamos de turismo paisajístico
y cultural de toda España. El de los viñedos en parral es también una seña
de identidad.
Si consideramos que hay uvas
criadas en tierras secas de España, en las de Galicia ya se produce una
diferencia esencial: el agua cae con continuidad del cielo, manteniendo la
tierra mojada; razón por la que los viñedos han de estar elevados, en parrales,
y así evitar los problemas de la humedad y de las plagas.
Fundamentalmente, dos son los
vinos de Galicia: el ribeiro y el albariño.
Ribeiro, denominación de origen
más antigua de Galicia, significa "ribera del río", y se ubica a lo
largo del río Miño y sus afluentes. Desde hace más de 1000 años, el
Ribeiro es un fenómeno comercial. Es un vino de aroma afrutado que agrada al
paladar y a los sentidos.
Los suelos de viñedo son de
granito en el clima marítimo atlántico de Galicia, con temperaturas suaves y lluvias abundantes. Las
cepas se elevan en las laderas más soleadas para que los frutos no estén en
contacto con el suelo. La uva es parte fundamental en todo
vino y ha de ser especialmente cuidada.
Galicia cuenta con su propia uva y vinos, a la que da nombre de Rías Baixas. Vinos
blancos basados en la
uva albariño, cuya antigüedad se remonta al siglo XII, que da un vino oloroso de
sabor agradable.
Uva pequeña, blanca, muy dulce que no da tanto caldo como otras. De ahí su
alto precio. Y le dedico estos versos:
Pequeña
como un llanto,
como los suspiros,
como los suspiros,
la uva de
Galicia es cosa pequeña.
Y los humanos por cosas pequeñas
vivimos y morimos.
Y los humanos por cosas pequeñas
vivimos y morimos.
Vino que alcanza graduaciones
entre 11º y 13º, el albariño se toma especialmente para acompañar el marisco. —Esto se entendió en las dos visitas programadas a bodegas, donde se
degustó y muchos adquirieron botellas—.
Galicia
cuenta con vinos tanto blancos
como tintos.
Los
entendidos en vinos de toda geografía aseguran que el mejor blanco es un tinto. Y soy de quienes les dan la razón. Momento
con sentido de la palabra.
La palabra no deja de volar
nunca.
Las palabras poseen
sentimientos personales. La relación entre lo que se escribe y el contenido a
que se refiere se espera que ampare referentes comunes y se reconozcan.
No es momento para reflexionar la sociedad gallega que
deambula por los lugares nobles de las ciudades. A pocos metros del turista se
desarrolla la estampa del trabajo y la sombra del narcotráfico y, sin acritud,
se nota el choque sensorial de mundos, que es un tropiezo de identidades. Como
en el vino, que dota de estilo para desnudar la falsedad, ir más allá de las
individualidades es vivir Galicia.
El placer y su temblor
con el mundo a la espalda
afirmar la vida
para sentir así la existencia.
Hay noches en las que se
desea bañarse y beber en el río limpio. Acostarse después, cansado, y en lugar
de conciliar el sueño, comprobar con asombro que los recuerdos no envejecen con
la persona.
Por solo eso tiene sentido
escribir todo esto, por recordar todo lo posible: se retiene en la memoria
hasta lo que no se quiere retener.
Luz y clara geografía,
tiempo feliz del viaje
que terminó hace tiempo
o que no ha terminado
todavía.
Sobre el tiempo perdura,
flota
camina en la mañana.
Sigue siendo, qué
sencillo.
Tú ahora ves lo que digo
y todo es admiración y
éxtasis,
como el sabor del vino.
La mirada escucha, como la
lectura, y aprovecha para construir estos mundos relatados. En los espacios de
Galicia, donde mirar es ver y hablar, la influencia
de la sombra de la poeta Rosalía de Castro invita
a pensar.
Así como la inevitable pasión de buen comer y beber, también literaria,
por supuesto, del premio Nobel Camilo José Cela, quien no solo escribió sino
que aún vive la sensación literaria de que se prolonga en los lugares donde
gustaba de comer y beber.
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