La Biblioteca como sendero
No sé si es respeto reverencial lo que
produce cuando se acude y se está en una Biblioteca. A la vista queda. La
biblioteca es plataforma, apoyo continuado al libro para vivir, más allá de
sobrevivir. Como todo, requiere tiempo, contexto, trabajo y hacer hueco.
La tecnología digital, aplicada al uso de los libros y su
lectura, colabora decisivamente en el acercamiento de la Ciencia, de la
Historia, de los relatos, de los poemas, de las imágenes…
A estas alturas todo el mundo sabe lo que es una biblioteca
y lo que se hace o se puede trabajar en ella.
Hay un plus de bondad —más de uno— en la institución que
tiene a los libros como epicentro de la sacudida cultural. Lo diré.
Capacidad y, también, la realidad de desarrollar actos en los que sea protagonista un libro cada vez, o más, concentrar sesiones de divulgación científica, de encuentro donde la poesía se haga verbo, o consiga arrancar sonrisas la literatura de humor; presentación de vídeolibros… ¡Tantas sendas y rutas!
Capacidad y, también, la realidad de desarrollar actos en los que sea protagonista un libro cada vez, o más, concentrar sesiones de divulgación científica, de encuentro donde la poesía se haga verbo, o consiga arrancar sonrisas la literatura de humor; presentación de vídeolibros… ¡Tantas sendas y rutas!
Cualquier proyecto literario-artístico germina del atractivo
que engendran unos personajes y una historia. La literatura es una fuente de
pensamiento que conduce a toda una constelación de ideas y prácticas.
Y con “Camafeos”,
—su autor, Santiago Delgado—, la disciplina artística y conceptual, se convierte en vida
y sensaciones. Esas historias, mostradas en la cercanía, se transforman en
arte. Manera de imbricar el texto, el espacio y la voz que interpreta y
atraviesa el aire hasta quienes quieran escuchar.
Una vital experiencia, en la que se revisita a personajes vibrantes en momentos de la historia; trabajo cuajado de ideas, de viaje. Y de figuras que hablan de Oriente y del nuevo mundo a través de Occidente.
Una vital experiencia, en la que se revisita a personajes vibrantes en momentos de la historia; trabajo cuajado de ideas, de viaje. Y de figuras que hablan de Oriente y del nuevo mundo a través de Occidente.
La biblioteca,
concebida como espacio en laberinto escenográfico, compuesto en tono coral,
donde se congenian las ideas creativas, el libro, la lectura silenciosa
y en alta voz. Biblioteca y personas; un discurso centrado en la palabra como
materia, y la pintura como eco. Esta estructura posibilita la unión de lenguaje,
sonido, color y espacio, con sus mutaciones.
La concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Murcia ha
acogido la propuesta de que se presenten libros en las bibliotecas de su
gestión. Y hay una escenografía que, aunque sencilla, llama si quiera a mirar. Comenzamos
en la “Río Segura” y confiamos en recorrerlas todas las del municipio.
Forma leída e interpretada. (No sólo la poesía o el relato; “el teatro también se lee”). Obviamente
estamos hablando de “Camafeos”,
cuyo autor es el escritor Santiago Delgado, y que no es un libro de teatro,
pero el dramatismo de sus historias camina con incidencia más allá de lo
tangencial.
El camafeo es un texto de sensibilidad poética, una cadencia que se escenifica mientras se lee, pretende la complicidad de los asistentes. Cada camafeo tiene su peculiar brinco, que se entrecruza cuando dobla en el espinazo de cada uno de los libros de las estanterías o de los que están abiertos en las mesas.
El camafeo es un texto de sensibilidad poética, una cadencia que se escenifica mientras se lee, pretende la complicidad de los asistentes. Cada camafeo tiene su peculiar brinco, que se entrecruza cuando dobla en el espinazo de cada uno de los libros de las estanterías o de los que están abiertos en las mesas.
Se presentó en la Biblioteca “Río Segura”, con el impulso de
su directora, Marita. A quien se le agradece con pleitesía devota su
implicación, en la veneración de la biblioteca y sus oportunidades.
Digamos algo del acto, en sí: el de lectura de camafeos, libro objeto de crónica.
Pues el camino, como indicaba A. Machado, es una estela en
el mar. Y se ha comenzado a surcar en esta biblioteca.
Acude “Canna brevis”, grupo de Teatro Leído.
Obligaciones ineludibles de trabajo y viaje y ¡ay… afecciones
respiratorias! truncaron que estuvieran todos los componentes del grupo.
(Medea/Diana, Catalina/Leticia; Fátima/Loreto: no pudo ser.
Quedó el hueco).

Comenzó la presentación con la lectura de “Calypso”, en la sensible candencia y
expresividad sentimental propia y distinguida de la voz natural de Charo Guarino.
A quien siguió la “Fátima”, maestra del murciano universal Ibn Arabí; (¡ay, Loreto, que no pudiste
asistir y leer con tu singularidad!).

Para continuar con “Malinche”, la princesa primimexicana Malinalli, que se castellanizó al ser reconocida por Hernán Cortés como Doña Marina. Consumada y vibrante lectura hecha por Ángela Sánchez Lafuente, quien lo vive y lo transmite, haciendo que sus ecos sean acogidos más allá de los oídos de los presentes.
Se mostró a la sin nombre, a la resuelta sirvienta de tez
oscura, a “La Mulata”, la pintura que Velázquez se grabó en su interior, en un
instante espléndido: mirada fugaz y perenne vida en el cuadro. Leyó Juan
Soriano.

“Doña Mencía de Mendoza”, noble española del
siglo XVI, descendiente de El Cid, a quien revive la sonora, firme y
aterciopelada voz de Sonia Varó.
(Todas las veces, pienso que Sonia rinde un extraordinario homenaje a doña Mencía y que ésta le sonríe agradecida desde su descanso en Valencia).
(Todas las veces, pienso que Sonia rinde un extraordinario homenaje a doña Mencía y que ésta le sonríe agradecida desde su descanso en Valencia).

Interpretada por Pepa Alcaraz, con el ‘saber hacer, saber
estar’ a que nos tiene acostumbrados y que, en cada ocasión, supera.
Como colofón, los comentarios de SØren Peñalver, invitado que,
con su erudición y cercana sensibilidad, con el aporte de su opinión recorrió cada
personaje en la noche bibliotecaria expuestos e interpretados, acto en el que
se mezcla lo cultural y lo sensiblemente emotivo.
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Nota.- ¡Ah, si aún no te has hecho con “Camafeos”
¿a qué esperas?
No podrá tener el libro de Santiago Delgado mejor publicidad que este artículo; ni mejor lugar para ser presentado que el ámbito cálido y acogedor de una Biblioteca. Tampoco mejores voces para sus personajes. ¿Hay quien dé más? Pocos libros iniciarán su andadura tan bien arropados como éste.
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