…En tránsito por el siglo XIX, que no cesa, aunque estemos
en el XXI.
Acudimos a una conferencia sencilla en apariencia.
Presentada breve y sucintamente por Carmen Celdrán, gestora cultural y
colaboradora de TV y del Real Casino de Murcia, quien ha remarcado las amplias
cualidades y fundamentos de Loreto
López Martínez para hablar del tema de la vivienda burguesa
en el siglo XIX murciano.

Hoy toca la vivienda. Loreto López ha hecho un análisis
crítico del pensamiento y práctica urbanísticos del siglo XIX en Murcia: situación
urbana, Iluminación natural, soleamiento y confort térmico, arquitectura
de dentro y de fuera.
La ciudad es permanente objeto del deseo del burgués. Cada
ciudad conserva la huella de las convicciones que, literalmente le han pasado
por encima. Arquitectura, vivienda e ideología van de la mano.
Si pudiéramos desplazar en el tiempo hasta del Egipto y la
Grecia clásicos, observaríamos que, en esos espacios de civilización, la
pirámide y el templo son signos de una determinada ideología.
Con profusión de dispositivas ilustrativas, Loreto López ha desarrollado su fundamentada
disertación, situando el marco histórico decimonónico, de continuas
convulsiones políticas y conflictos bélicos en España.
En un panorama de prolongado ambiente dominado por la apatía, difícilmente se construyen edificios
públicos y privados. La
burguesía, dueña del dinero, en todo tiempo y lugar, si no percibe estabilidad socioeconómica, no
invierte.
Una referencia histórica describe cómo era Murcia en 1862,
según el viajero Charles Clifford, que la vio como “una ciudad anacrónica y paralizada… que
reconocería Adán si volviera a nacer”.
Murcia en el XIX sufre en varios flancos, de los que Loreto López resalta dos: la devastación que
causan las riadas —se necesita de obra pública que prevenga y palíe los efectos—,
y las luchas paralizantes del progreso debido a los enfrentamientos políticos
entre absolutistas y liberales.
La suciedad y las epidemias son permanentes. Y devastadores sus efectos.
Conforme se avanza hacia el siglo XX, con menos enfrentamientos
sociopolíticos —aunque persisten y no desaparecen—, y con la exclaustración y
la desamortización de Mendizábal, se abren nuevos edificios públicos. El presidente
de la Junta Revolucionaria, Pascual Madoz, tras la huida al exilio de Isabel II,
habla de Murcia y sus calles alineadas y empedradas y de los comercios de las
calles de Platería y Trapería, y dice que las casas son generalmente de dos
pisos.
Aparece el mercado de Verónicas.
Pero a pocos centenares de metros de las calles mencionadas
el aspecto y la realidad es suburbial.
La burguesía del momento la integran comerciantes y
profesionales liberales. Luego se integrarán los de las primeras fábricas.
El alumbrado público, de luminarias primero, luego de gas
hasta que llegó la electricidad, contribuirá a que se alarguen los tiempos de
contacto comercial y presencia en calles y establecimientos.
La ostentación, propia de la moral burguesa de los países del
sur de Europa, , también afecta a Murcia, conciencia tan diferente a la que describe
Max Weber en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, (libro
de la significación del modo de vida protestante para la cultura y de cómo
influyó en la constitución del espíritu capitalista, pero poco de asunto religioso).
La vivienda del burgués español y murciano está diseñada para
mostrarle el señorío —fachada y balcón a la calle, con motivos
arquitectónicos modernistas— a los demás.
También manifestar a otros burgueses la capacidad de
adquirir lo nuevo. Mientras que el burgués centroeuropeo y americano es parco
en su compartimiento exterior, centrado en el trabajo para alcanzar el éxito
económico; por lo que la casa-vivienda está distribuida de modo diferente: de
puertas para adentro se busca el máximo confort familiar sin pretensión de exhibirlo.
Induce a reflexionar sobre cómo vivimos, qué valores de convivencia,
transforman la vivienda en hogar.

El gran salón de encuentros y fiestas se halla en la primera
planta.
La decoración y el mobiliario simultanea la funcionalidad y
la ostentación. Se usa papel pintado con motivos florales para cubrir y decorar
las paredes. Se introducen las plantas exóticas como signo de distinción, un
urbanita cívico que coloca macetas con plantas verdes.
Aparecen nuevos matices. La planta baja queda abierta, y los
niveles superiores de las viviendas propician un acceso común. En una secuencia de
vuelta al hogar, que los habitantes puedan detenerse en las estancias de la planta baja.
Los espejos son fundamentales, no solo para mirarse, sino
porque potencian la luz de las habitaciones.
Y en toda casa murciana no puede faltar el belén.
La mayoría de las viviendas burguesas se construyeron como
hábitat familiar. Dejan de ser arquitectura cuando los edificios se convierten
en valor, en plusvalía de materia prima que puede acabar en la venta, con el
fin de obtener un beneficio económico.
De alojamiento de ciudadanos, centrado en la forma de
acceso, la ideología urbanística y en las condiciones para aprovechar la
energía: la iluminación, el soleamiento y la ventilación natural.
Es pertinente preguntarse cómo acercarse nuevamente a la
vivienda con mirada sencilla, el uso de materiales nobles y su carácter social:
algo construido para vivir del mejor modo.
Asistir, aprender y divertirse. Una excelente disertación que ha superado las expectativas.